GERARDO PISARELLO: “LA MONARQUÍA ES UN IMPEDIMENTO PARA DISCUTIR LA CUESTIÓN PLURINACIONAL”

por Eloi Gummà, Jaume Montés y Roc Solà, para Debats per Demà

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Entrevistamos a Gerardo Pisarello, actualmente Diputado al Congreso y miembro de la mesa. Recientemente, ha publicado Dejar de ser súbditos. El final de la restauración borbónica, un libro donde explora el papel de la monarquía en la articulación del poder en el Estado. La entrevista fue realizada entre el calor esperable de la última semana de julio y una hospitalidad digna de Mariana Pineda.

Bloque 1. Coyuntura: Régimen

¿Cómo ves al régimen del 78? ¿Le ves una mala salud de hierro o estamos ante un polvorín?

Mi impresión es que, después del crac de 2008 y de sus efectos concretos, aparecieron un conjunto de reacciones y revueltas democráticas y republicanizantes contra el régimen que nos hicieron pensar que se podía abrir un escenario de procesos constituyentes y cierta ruptura democrática. Sin embargo, creo que lo que hemos constatado es que estos diferentes embates contra el régimen no tuvieron la fuerza suficiente para alterar las estructuras socioeconómicas sobre las cuales se sostenía, a pesar de que lo dejaron tocado desde un punto de vista político-cultural (fin del bipartidismo, etc.). Lo que pasa es que ahora estamos viendo una reacción, que es global, contra estos intentos de democratización y que se están expresando con la irrupción de fuerzas que, en el caso español, son pre-régimen, es decir, que nos devuelven a los lenguajes y obsesiones del franquismo y que se sitúan en un lugar anterior a los acuerdos que el antifranquismo impuso. Por lo tanto, estamos en una situación en que el régimen continúa cuestionado —no puede legitimarse como tal—, pero las salidas democratizadoras tienen un problema para abrirse camino, puesto que ha aparecido una extrema derecha enormemente violenta que no solo intenta frenarlas desde un punto de vista discursivo, sino que está dispuesta a todo, incluso a usar el poder judicial y parte de los aparatos coactivos del Estado —no sabemos hasta qué punto— para defender sus posiciones.

Hace unos meses se puso en marcha el nuevo gobierno de la Generalitat, en que, por primera vez desde 1931, ERC ha quedado por delante de la derecha. ¿Qué horizontes ves para las izquierdas en Cataluña?

Que ERC haya quedado por delante en el gobierno después de la coyuntura de los años treinta del siglo XX tiene un valor simbólico muy alto. Lo que pasa es que la impresión que se tiene es que este avance del republicanismo de izquierda y centro-izquierda, en sus diferentes variantes —estoy pensando en ERC, pero también en Comuns, la CUP, etc.—, no ha tenido tampoco la fuerza que hubiéramos querido. Por lo tanto, volvemos a la reflexión de fondo de antes: estamos ante una crisis de régimen, de una crisis del sistema económico sobre el cual funciona este régimen —un modelo de capitalismo financiarizado, neoliberal, que está agotado en términos energéticos y en sus características extractivistas—, pero las fuerzas políticas que podrían plantear un desafío serio que permitiera superar estas estructuras no tienen, de momento, la fuerza suficiente. Y a esto le tenemos que añadir, además, que todos estos avances republicanos se producen en un contexto en que la movilización social está suspendida como consecuencia de la pandemia. Así pues, son cambios que se están produciendo en el ámbito institucional, tanto en Cataluña como en el conjunto del Estado, pero que no tienen un reflejo, aparente cuanto menos, en la autoorganización y la movilización popular fuera de las instituciones, que siempre son la clave de los avances republicanos.

Hablas de las diferentes crisis y, sobre el tema de la monarquía, a menudo nos preguntamos si hay diferencias entre la crisis de la monarquía de 2014 que llevó a la abdicación de Juan Carlos I y la crisis actual de Felipe VI.

Lo que pasa es que yo creo que, en el imaginario social mayoritario, en 2014 todavía se estaban discutiendo sobre la caza en Botsuana, el elefante, etc. Lo que estamos discutiendo a partir de la nota de la casa real del 15 de marzo de 2020 es un terremoto mucho más contundente. Es la idea de que lo que se denominaba el juancarlismo era una forma de operar ilegal, con negocios muy oscuros que tenían que ver con algunas de las debilidades de la matriz productiva y económica en España, es decir, negocios vinculados a la dependencia del petróleo, tráfico de armas con dictaduras muy opacas, etc. Esto ha hecho estallar de manera irreversible el juancarlismo y amenaza con dejar tocado a Felipe VI. De hecho, ahora hay una operación en marcha por parte de los sectores monárquicos para establecer un cortafuego que pueda preservar a Felipe VI de todo lo que ha hecho su padre. Por lo tanto, la crisis del actual rey no es todavía tan evidente a pesar de que también sobre él planea una pregunta inevitable: si efectivamente él desconocía o era ajeno a todas estas actuaciones que se atribuyen a su padre. Y una respuesta negativa es muy poco verosímil de cara a la opinión pública.

Subtitulas el libro “El fin de la restauración borbónica”. ¿Crees que estamos a las puertas del final de la monarquía de Felipe VI?

El título tenía un sentido que deliberadamente jugaba con los dos sentidos que significan el fin de algo: el sentido que tiene algo o la culminación de una determinada etapa. A mí me interesaba mostrar sobre todo cuál es el fin que la monarquía borbónica ha tenido en la historia española y cómo de alguna manera ha sido la cola de un régimen político oligárquico, bastante centralizador y que básicamente ha amparado este modelo económico de capitalismo rentista y extractivista que ha dificultado enormemente una mínima modernización y democratización de la economía. Esta ha sido fundamentalmente la finalidad que ha tenido la monarquía borbónica y ahora es una situación muy extraña. Porque la corona atraviesa una crisis muy fuerte como consecuencia de investigaciones extranjeras, de la apertura de investigaciones judiciales en Suiza, etc. y se hace patente esta idea de que el rey va desnudo de una manera que no había pasado nunca desde la transición, pero es un momento donde curiosamente las fuerzas democráticas y republicanas que podrían plantear un cuestionamiento de fondo, en parte, su presencia en la calle y su capacidad impugnadora ha estado muy limitada por la pandemia, por un lado, y, de la otro, de una extrema derecha que ha salido a mostrar que para defender la monarquía y para evitar que el régimen pueda colapsar, es capaz de perseguir adversarios, de calumniar, de difamar, de espiar y de usar todas las cloacas del Estado para obtener sus objetivos.

¿Cómo ves la relación entre la PSOE y la monarquía en la construcción del régimen del 78 y en el presente? ¿Crees que la PSOE puede estar cometiendo un error con esta defensa a ultranza de la monarquía teniendo en cuenta su crisis de legitimidad?

El PSOE, como siempre, es muchas cosas a la vez. No deja de ser, por un lado, el partido de Prieto o Julián Besteiro, que hicieron todo lo posible para llevar a Alfonso XIII ante una comisión de investigación a raíz del caso de Annual. Después, siendo consciente de esta historia y de lo que piensan buena parte de sus bases, en la Transición amaga con una enmienda republicana en los debates constituyentes con la ponencia de Gómez Llorente que Pedro Sánchez recordaba hace poco. Pero a la vez, también es un partido que ha sido un puntal básico del régimen, al que le da mucho miedo sacar el tapón de la monarquía porque considera que sin la protección de la monarquía la derecha podría hacer valer su fuerza destituyente para poner fin al gobierno actual. Por lo tanto, en el PSOE ves muchas dudas en relación a esto; mi impresión es que están haciendo todo lo posible para que Juan Carlos I no tenga que sentarse en una comisión de investigación en el Congreso y para que no acabe sentado ante un tribunal. Creo que mucha gente del PSOE esperaría que muriera en el exilio y que se cierre por lo tanto la etapa del juancarlismo, consiguiendo que el felipismo sea capaz de acompañar gobiernos del PSOE.

El PSOE está ante una duda hamletiana

Lo que pasa es que hacer esto tiene un precio demasiado alto, porque si para que la monarquía te proteja lo que tienes que hacer es consentir su impunidad, tu propio proyecto político se acaba degradando. Se degrada de cara a las bases y aparte de tus votantes. Por lo tanto, el PSOE está ante una duda hamletiana en que tiene que decidir qué hacer con esta figura y creo que no saben cómo resolverlo pero que la obligación de las fuerzas republicanas es presionar y mostrar esta contradicción. La contradicción de tratar la monarquía, ya ni tan solo como una monarquía parlamentaria, sino como una institución con licencia para delinquir, no sujeta a controles básicos en elementos claves como la transparencia.

Si lo miramos desde la perspectiva de la monarquía es realmente impresionante que no se hayan tomado medidas de reforma o modernización. En el libro, pones el ejemplo de Olaf Palme en Suecia y los cambios constitucionales que introdujo para despojar a la monarquía de todos sus poderes como el vínculo del monarca con las fuerzas armadas. ¿Cómo puede ser que no hayan empujado ningún proceso de cambio más allá de la abdicación en 2014?

De hecho, la Constitución tiene un artículo, el 57, que prevé la posibilidad de una ley de la corona, para resolver dudas ante abdicaciones o situaciones que generen dudas sobre el estatus jurídico que pueda tener la corona. A partir de ahí se podrían hacer muchas cosas, pero no se hacen porque separar la monarquía de las fuerzas armadas aquí supondría cuestionar el modelo de la restauración franquista, que consiste en mantener muy viva la idea del rey soldado, que es precisamente lo que puede, en situaciones de crisis, disponer de las fuerzas armadas para proteger la unidad de España, los intereses económicos a los que la monarquía está vinculada. Por lo tanto, cuestionar esto implicaría cuestionar elementos de fondo del régimen, y esto explica que Felipe VI haya intentado actuar como rey soldado el 3 de octubre de 2017, o que sea un rey que, al igual que su padre, nunca ha condenado el franquismo. Porque, no nos engañemos: el hilo con el franquismo es muy claro, y por tanto plantear cualquier reforma que toque este vínculo sería en realidad abrir un debate materialmente constituyente sobre un cambio de régimen. La monarquía se ha convertido en una especie de vampiro que ya no tolera exposiciones a luz abierta porque eso implicaría discutir el papel real -económico, político- que ha jugado durante todos estos años y que está muy alejado de la idea de que el rey reina, pero no gobierna, como figura meramente simbólica.

Si miramos los últimos sondeos, podemos ver como el creciente número de gente en contra de la monarquía no se acaba de reflejar del todo a nivel electoral, provocando el hecho de que gente en contra de la monarquía pueda acabar votando partidos monárquicos (principalmente el PSOE). ¿Cómo crees que deberíamos activar políticamente este potencial? ¿Crees que, después de que ésta no fuera una de las cuestiones principales de la última década, ha llegado el momento de hacerlo?

 Aquí hay una idea, que ha existido mucho en la tradición del PSOE, que es mostrar que tú puedes tener una monarquía y, a pesar de que no tengas una forma de Estado preferente, en el marco de esta monarquía se pueden conseguir algunos avances desde el punto de vista social y cultural. Este fue el marco sobre el que se sostuvo el felipismo durante muchos años. Hoy hay una parte del PSOE que está intentando reeditar esto buscando que la derecha acepte acuerdos sociales y políticos de mínimos entorno a una monarquía relativamente limitada. Pero nada indica que la derecha lo acepte mientras no tenga el poder.

Tenemos que ir hacia un horizonte que la propia monarquía no tolera

Delante de esto, creo que el objetivo de las fuerzas republicanas es precisamente mostrar que, en un contexto de crisis económica tan profunda, con un crecimiento brutal de la precariedad y las desigualdades, no basta con estos cambios sociales de mínimos que no resuelven los problemas de fondo. Y para que esto no sea así, para lograr cambios de alcance más profundo -una política fiscal progresiva real, una reestructuración del modelo productivo en clave ecológica, blindaje de los servicios público, etc.- es muy difícil que lo puedas hacer mientras exista una monarquía que tiene como aliados fundamentales en todos estos sectores rentistas y extractivista que están en contra de que se produzcan estos acuerdos. Por lo tanto, creo que la pedagogía republicana también debe ir por aquí, para mostrar que hablar de monarquía no es dejar de hablar de los problemas sociales o económicos que la gente tiene en la cabeza. Que precisamente, si en un escenario de post-vacunación no queremos volver a la vieja normalidad y hacer cambios de fondo, tenemos que ir hacia un horizonte que la propia monarquía no tolera ni contempla.

Recientemente, hemos visto a AENA, en el caso del aeropuerto, y los grandes oligopolios eléctricos activarse para impedir que esta transición socio-ecológica …

Exactamente, y nunca veremos al Rey enviando mensajes explícitos o implícitos que cuestionen estas actuaciones. La Casa Real puede enviar a Leonor a plantar un árbol en el Hayedo de Montejo, en Madrid, pero nunca la veremos mover un dedo para detener la destrucción de la Ricarda o por cuestionar un proyecto, como la ampliación, que básicamente llenará el bolsillo de Blackrock y otros fondos de inversiones que integran el accionariado de AENA. Y lo mismo puede pasar en un tema clave como el de la luz. Iberdrola, que se dedica a vaciar embalses de Zamora y Cáceres para beneficiarse aún más de la subida del precio de la luz, fue una de las primeras empresas en saludar la llegada de Felipe VI. Y no es casualidad, porque en realidad se trata de grandes corporaciones que siempre han visto en la monarquía una pieza institucional y cultural clave por sus intereses extractivista.

Bloque 2. Sobre Dejar de ser súbditos. El fin de la restauración borbònica

Leyendo tu libro y como reseguir todos los “momentos republicanos”, tanto el francés como el inglés y también en nuestro país, uno tiene la sensación de que la figura de la monarquía siempre implica algo más de lo constitucionalmente recogido. En el caso inglés, uno siente que la monarquía permite una alianza de clases con las aristocracias para mantener una distribución de poder muy clara. En el caso francés, a partir de la reacción thermidoriana y la restauración borbónica, la figura del monarca representa un bloqueo a las voluntades de participación y soberanía popular. Hoy, ¿qué es ese algo más que implica la monarquía borbónica en España?

Yo creo que la diferencia con los casos británico y francés es que vivieron diferentes revoluciones republicanas que disciplinar claramente la monarquía en términos sociales e incluso económicos. Es decir, después de la revolución republicana de la década de 1640 en el caso inglés, la monarquía nunca volvió a ser lo que era. Pero aquella revolución republicana pone en cuestión también una forma de redistribución de la tierra, abre las posibilidades, de que haya una ciertamodernización y democratización de la economia. A la monarquía, sometida a importantes limitaciones, no le queda más que acompañar estos procesos renunciando a buena parte de la capacidad de influencia política y económica.

En el caso de Francia pasa lo mismo, y de una forma aún más radical. En el caso español no. Ninguna de las revueltas peninsulares tuvo la fuerza de la revolución francesa o inglesa. Y cuando aparecieron líderes republicanos valientes y honestos como Rafael de Riego y muchos otros, ninguno de ellos quiso o se atrevió a actuar como Oliver Cromwell o Robespierre. Por lo tanto, los Borbones lo que han hecho es rodearse de una corte que ha tenido en su corazón estas clases rentistas y terratenientes que fueron un freno para cualquier tipo de proceso de democratización social o económica ni tampoco mínimamente de modernización. Este me parece que es el papel fundamental que han tenido los Borbones. Hay algunas figuras políticas del siglo XIX, como el propio Prim, que ven esto claramente. Por eso Prim, que no por casualidad era catalán y estaba ligado a otros sectores económicos, termina pronunciando el Congreso el discurso de los tres “jamases” – “¡jamás, jamás, jamás los Borbones!” – viendo que no sólo había un problema con la monarquía sino también dinástico, que es real y continúa hasta hoy.

Si le damos la vuelta a la pregunta. Todos -o casi todos- los momentos de restauración han sido reacciones contra situaciones constituyentes. Sabemos también que tú has trabajado bastante el tema de los procesos constituyentes. ¿Dirías que hay elementos que se repiten en los momentos constituyentes de la historia catalana y española de los últimos 2 siglos? ¿Cuáles serían?

Yo creo que ha habido grandes revueltas republicanas, muy plurales, en diferentes momentos. Sin duda Cádiz es un buen ejemplo, lo que significó el trienio liberal contra Fernando VII, las primeras movilizaciones que explícitamente se autoconsideran ya democráticas y republicanas a partir de la segunda mitad del XIX, la Primera y la Segunda República, etc. Estos procesos nunca han dejado de producir y a veces han tenido aspiraciones constituyentes, como la prolamación de la república catalana por parte de Baldomer Lostau de un Estado catalán republicano en 1873. El problema es que nunca tuvieron la fuerza suficiente para dar la vuelta de una manera sustancial estas relaciones económicas sobre los que se mantenía la monarquía. Por eso hemos tenido mucho republicanismo cotidiano, persistente, pero pocas repúblicas. Es más, muchas veces estas transformaciones vinieron por otras vías, como en el caso de la desamortización de Mendizábal, que es un burgués revolucionario del siglo XIX que desde su perspectiva adopta estos cambios que el republicanismo popular no consiguió sacar adelante con fuerzas. Y, por tanto, lo que ha pasado es que muchas veces la caída de la monarquía se produce en un contexto donde cae el rey o envía un Borbón en el exilio, pero continúan conspirando desde el ejército, las estructuras institucionales, los poderes económicos, las fuerzas contrarias a estos procesos de democratización. Esto es clarísimo en el caso de las dos repúblicas y es lo que podría pasar hoy, por eso es importante entender el vínculo que existe entre la corona y todo este entramado de poder. Y muchas veces esta conspiración reaccionaria se da desde fuera: los Cien Mil Hijos de San Luís, la Rusia autocrática del siglo XIX, los Estados Unidos en el siglo XX, que impiden que en la península estas revueltas republicanas puedan tener éxito.

Muchas veces cuando cae un rey o se envía al Borbón al exilio, pero las fuerzas monárquicas continúan conspirando

Y cuando hablamos de procesos constituyentes, es importante distinguir. Hay procesos formales, que rompen jurídicamente con el marco existente y aprueban nuevas constituciones. Pero aprobar una nueva Constitución no implica que desde el punto de vista material puedas construir nuevas relaciones de poder. Por lo tanto siempre ha habido una distancia importante entre las nuevas Constituciones o marcos legales que intentaban imponer y el funcionamiento del aparato administrativo, económico, etc. que continuaba arrastrando las inercias del pasado. Y una de las experiencias que tuve como cargo público del Ayuntamiento fue sentir este peso de la herencia del aparato administrativo que no cambia simplemente como consecuencia de una revuelta republicana, sino que impone buena parte de sus inercias. Una de las experiencias que tuve como cargo público en el Ayuntamiento fue sentir ese pero de la herencia del aparato administrativo, de los poderes económicos y mediáticos que llevan años incrustados en la estructura institucional y que no desparecen simplemente como consecuencia de una revuelta republicana en las urnas sino que hacen todo lo posible por mantener su presencia.

Hemos visto en los años recientes, una serie de publicaciones de voces escuchadas y leídas en las izquierdas en todo el Estado en relación a la identidad nacional. Alba Rico, con el libro España, José Luis Villacañas con Imperiofilia y el populismo nacional-católico o Xavi Domènech con Un haz de naciones. ¿Crees que la cuestión monárquica que tú tratas a tu libro tiene que ver con esta discusión?

 Yo creo que sí. Santiago Alba Rico y Xavi Domènech lo han mostrado de manera magistral, aunque sus planteamientos presentan diferencias claras también. Tiene que ver con todo esto y sobre todo con las diferentes concepciones de la nación que están en disputa. Por ejemplo, Fernando VII e Isabel II todavía son reyes de “las Españas” en plural, y ya Alfonso XII es rey de España, sin más. Es decir que a partir de la segunda mitad del siglo XIX se ha ido consolidando un modelo que viene de antes pero que ya es una monarquía centralizadora y uniformista con elementos más liberales o más conservadores. Este es un problema que viene de lejos para que la configuración de la monarquía en España nunca logra dar un encaje claro a lo que eran los antiguos reinos, y por tanto a la pluralidad lingüística y territorial que existía en el conjunto de la península. Esto Marx lo ve de una manera muy clara en sus escritos sobre España al Daily Tribune en 1854. Por lo tanto, esta es una razón decisiva para pensar que la cuestión de la plurinacionalidad peninsular, indiscutible en el siglo XX y XXI, nunca podrá ser resuelta de manera clara y limpia mientras haya monarquía. Se pueden producir algunos avances parciales, pero una solución de fondo, basada en la libre decisión, será imposible mientras haya monarquía, y mientras haya una dinastía que no ha roto con el franquismo. De hecho creo, este es uno de los límites de sectores monárquicos de derecha, como el que representa un Herrero de Miñón, que han teorizado que los Borbones podrían tener un papel similar a los Habsburgo, tutelando ciertas diferencias nacionales, lingüísticas, etc.

Ferran VII i Isabel II aún son reyes de “las españas” en plural, y ya Alfonso XII es rey d’España

De hecho en el libro recuerdo como hasta el útimo momento Artur Mas creía que podía haber un Estado catalán amparado por la monarquía, porque desde su perspectiva conservadora sería fundamental para que este Estado en términos socioeconómicos no plantee ningún cambio de fondo que haga peligrar el status quo. Yo en esto pienso lo que pensaba Antoni Domènech en esto; que para que los pueblos peninsulares puedan decidir libremente su destino, la monarquía es uno de los principales obstáculos. Y de hecho, cada vez que hay una restauración borbónica aparece el mito de que este rey sí podrá acometer las tareas modernizadoras, plurinacionales, etc. Y siempre acaba funcionando mal.

Bloque 3. Debates y mañana del republicanismo

Se ha dicho que es más fácil que en Cataluña exista el republicanismo porque la derecha no es monárquica, mientras que si se mira el conjunto del Estado sería más complicado si no aparece una derecha republicana. ¿Le ves sentido a este razonamiento?

Hay una parte, sí, de la derecha catalana que ha dado un paso hacia el republicanismo. Pero en muchos casos porque no han encontrado el rey que se esperaban. No nos olvidemos que Jordi Pujol fue uno de los principales defensores de Juan Carlos I. Y algunos de sus herederos confiaron hasta el último momento en que Felipe VI intercediera para defender ciertos intereses económicos en Cataluña. El discurso de los 3 de octubre los levantó abruptamente de esta ilusión. Habrá que ver si esta frustración implica la asunción de principios y planteamientos republicanos democráticos o si se diluye en posiciones nacionalistas anti-republicanas.

En el resto del Estado, sin embargo, es mucho más complicado. Tenemos, evidentemente, el caso del PNV, que al estar ligado a intereses económicos no tan rentistas y especulativos, podría convertirse en una fuerza republicana más conservadora, pero claramente anti-franquista y consciente de que la monarquía es un impedimento incluso para una cierta modernización del sistema económico. En el resto del Estado, repito, me cuesta más de ver, pero cuando lees ciertas encuestas, ves que hay sectores económicos ligados a lo que queda de Ciudadanos o al PSOE que eran tradicionalmente monárquicos y que ahora ya empiezan a confiar más, como el Ortega de “El error Berenguer” en que la monarquía está agotada.

Después está el caso curioso de la derecha dura que siempre ha sido crítica con Juan Carlos I, pero no por no ser monárquica, sino porque lo veían un rey demasiado amable con los socialistas. De ahí es de donde sale el mito del republicanismo del primer gobierno de Aznar, que se expresa en cosas que llaman la atención como la reedición de obras de Azaña o de Joaquín Costa pero reconvertidos en un sentido funcional para al PP. Pero todo esto dura muy poco. Con Felipe VI, de hecho, buena parte de estos sectores de la derecha dura y de la extrema derecha ven que sí pueden tener un rey cercano a sus intereses, que Felipe VI no hará nada para cuestionar el franquismo o por distanciarse de manera abierta de las obsesiones de la derecha radical y que no reirá las gracias de un gobierno donde hay una fuerza política explícitamente republicana. Todo ello, sin embargo, es un problema por el propio PSOE, que a veces sueña con poder reeditar el viejo acuerdo entre Juan Carlos y Felipe González. Hace poco asistí al Congreso a un homenaje a Azaña. Una auténtica vergüenza. Porque era un homenaje, no al Azaña jacobino, republicano, que pronunció la ejecutoria contra el Borbón Alfonso XIII a las Cortes, sino a un Azaña derrotado, el de “paz, piedad y perdón”, que había perdido toda su fuerza republicana. Esto fue fortísimo. Van desnaturalizado por completo la figura de Azaña para escenificar una supuesta química entre el PSOE y Felipe VI. No aplaudimos ninguna intervención y nos fuimos inmediatamente.

Recientemente en la UPEC, Sánchez Cuenca decía que “no puede haber un referéndum sobre monarquía o república en España, no porque teman perderlo sino por las divisiones territoriales que hay”. ¿Estás de acuerdo?

Yo no creo que la monarquía esté en condiciones de ganar un referéndum. No es casualidad que llevamos 5 años sin que el CIS pregunte sobre el tema. A todos nos viene a la cabeza la imagen de Adolfo Suárez cuando le dice a Victoria Prego que no podían convocar el referéndum porque el perdían, seguramente si hoy le preguntas a Tezanos o alguien del CIS porque no preguntan sobre la monarquía podrían hacer lo mismo. La monarquía es un impedimento para discutir de manera limpia y clara la cuestión plurinacional Por tanto, en el marco de una campaña sobre la cuestión de la monarquía, no tengo nada claro que tuvieran asegurada una victoria. Evidentemente, en Cataluña, en el País Vasco la oposición sería más fuerte. Pero habría que ver los resultados en ciudades con fuerte tradición republicana: Cádiz, Coruña, Valencia, Gijón, etc .. Creo que nos sorprenderíamos. Por eso creo que las fuerzas republicanas, federalistas, confederalistas e independentistas deben poder trabajar coordinadamente para superar la monarquía, porque esto abriría muchos debates sobre la falta de democracia política y económica que hoy están bloqueados.

Decía Xavi Domènech al podcast turolense Moliendo Gordo, que en un lapso de una década tendremos que ver un proceso constituyente para una incapacidad de reforma muy profunda, que una constitución que no se reforma acaba implosión. ¿Cómo lo ves? Chile está teniendo (incluso disfrutando) ahora de su asamblea constituyente que marcará un punto y final a la constitución de Pinochet… 

Aquí sí que estoy de acuerdo con Sánchez Cuenca cuando dice que la Constitución no es reforma para intentarlo supondría abrir el debate sobre la forma de Estado. Las dos Constituciones que más han durado en la historia de España son la de la segunda restauración de 1876 y la actual de 1978. Ahora mismo estamos en un momento de bloqueo constituyente, lo que pasa es que la imposibilidad de una reforma constitucional real se está utilizando como excusa para impedir que se produzcan otros cambios. ¿Por qué no tenemos una ley de la corona o no se puede hacer un referéndum? Porque debería reformarse la Constitución. Y en este sentido la reforma hoy se está utilizando, no sólo por parte de la derecha sino también de sectores del PSOE, para impedir que a través de leyes orgánicas se puedan sacar adelante reformas en más profundidad.

Chile es un buen ejemplo de cómo los procesos constituyentes y republicanos llegan por vías inesperadas no previstas

Yo creo que tarde o temprano esto debería producirse un momento constituyente, que yo no me imagino que llegue por vías jurídicas previstas, sino que saldrá de manera imprevisible como en el caso de Chile, donde la Constitución de Pinochet estaba llena de candados y no admitía una reforma estructural y, de repente, el aumento de precios del transporte público es la chispa que hace estallar una gran rebelión ciudadana que parecía imposible: el compromiso del régimen para hacer un referéndum no previsto sobre una nueva constitución y una asamblea constituyente. Y Chile, en este sentido, es un buen ejemplo de cómo los procesos constituyentes y republicanos llegan por vías inesperadas no previstas. De todos modos, insisto en la idea de que abrir un proceso constituyente es importante, pero es igualmente importante alterar las correlaciones de fuerzas mediáticas, económicas y políticas, porque sin esto una nueva Constitución puede terminar siendo poco más que una hoja de papel.

Gabriel Rufián decía recientemente que “el paradigma ha cambiado, los gobiernos de los últimos 40 años siempre habían pactado con el nacionalismo de derechas vasco y catalán y ahora están obligados a pactar con el independentismo de izquierdas catalán, vasco y, a veces, gallego. Y creo que incluso se debería oficializar. Nos deberíamos poder presentar diferentes fuerzas políticas independentistas de izquierdas, me imagino al independentismo de izquierdas gallego, vasco y catalán presentándose —y no hablo de una lista electoral conjunta— bajo un paraguas discursivo, de intencionalidad política conjuntamente en unas elecciones españolas para sumar, para multiplicar los diputados y diputadas y para compartir causas también evidentemente con la gente de Adelante Andalucía, con la gente del SAT, con la gente del Bloque en Valencia, etc. Creo que es positivo y hay un campo allí interesante. A mi me parece interesante”. ¿Qué te parece?

Me parece muy interesante también, y por utilizar un símil republicano, puede ser importante para avanzar hacia un nuevo Pacto de Donosti como el de 1930. Aquí Rufián piensa más en fuerzas que sean declaradamente independentistas, pero creo que hay espacio para sumar más. Creo que en este arrecife de coral hay espacio para más alianzas, que a veces pueden ser acuerdos programáticos, orgánicos, más en el ámbito municipal, etc. Creo que el municipalismo es un gran laboratorio de experimentación democrática, donde las fronteras son más flexibles que en el ámbito estatal. Pero me parece que esta actitud es la correcta. Creo que, en el Congreso en Madrid, tenemos que avanzar en este sentido sin obsesionarnos por la forma orgánica que adopte esto. Pero el solo hecho de tener la predisposición para que los relojes estén acompasados ​​es enormemente importante, porque parte de la debilidad del republicanismo peninsular, muy bien aprovechada por los sectores conservadores y monárquicos en momentos clave, ha sido esta desconexión o falta de conocimiento mutuo que hacía que cuando se producía un impulso republicano a un lugar no pasaba nada a otros lugares del Estado.

Parte de la debilidad del republicanismo peninsular, muy bien aprovechada por los sectores conservadores y monárquicos en momentos clave, ha sido esta desconexión o falta de conocimiento mutuo

Debemos aprender estas lecciones, y aquí no puedo evitar que me salga mi visión de diputado de ultramar, también debemos aprender de experiencias que vienen del sur. A la hora de pensar qué tipo de organización necesitamos para frenar la extrema derecha, yo pienso en la gente de Bolivia, Colombia o Chile, donde han tenido que inventar y crear formas nuevas de enfrentarse a una derecha enormemente violenta.

En una entrevista reciente a eldiario.es, decías que te interesaba la idea de Jorge Reichmann, en relación al tipo de partido político para las fuerzas transformadoras, que “tenía que parecerse más a un arrecife de coral”. ¿Ha pensado más en que implica esta perspectiva de la organización partidaria?

 Esta es una reflexión que viene a raíz de que tanto el 15M y las mareas como el movimiento soberanista produjeron cambios muy importantes pero no tuvieron la fuerza que nos imaginamos que no habían sido capaces de dar lugar a nuevas formas de organización, con penetración y capilaridad territorial. Y cuando tú quieres ser una fuerza transformadora que quiere revisar de manera profunda las relaciones de poder en muchos ámbitos y no tienes la fuerza de los medios o el poder económico lo único que tienes es la organización. Por lo tanto yo creo que es una de las principales tareas de nuestra época, más que obsesionarnos principalmente por las encuestas y los escaños, debemos pensar cómo construir instrumentos políticos que contribuyan a la autoorganización democrática de la gente común para poder incidir en el cambio de estas relaciones.

Y desde este punto de vista me parece que el partido tradicional no es una buena herramienta, y una buena intuición del 15M y otros movimientos era precisamente que esto tenía que cambiar, y esta es una promesa incumplida aún hoy. Por lo tanto, pienso que para poder hacer frente a la extrema derecha, que sí está dando esta batalla política y cultural en las redes y los medios, que sí está intentando tener capilaridad, que están escribiendo libros, necesitaríamos un tipo de organización que fuera permeable y capaz de acoger suficiente pluralidad y diversidad para estar a la altura de este reto. Y desde este punto de vista, esta idea de Jorge Reichmann que habla del arrecife de coral me parece una metáfora interesante para nuestro contexto, donde un repliegue identitario desde una concepción jerarquizada sería lo peor que se podría hacer; sería un tapón imperdonable para un movimiento republicano que tiene condiciones para poder crecer en los años que vienen impulsado por las generaciones más jóvenes, el feminismo y otras cuestiones que la extrema derecha no podrá frenar.

Finalmente, una pregunta que se aleja un poco del tema. En la presentación de tu libro que se hizo en la Plaza Felipe Neri el martes 29 de junio, dijiste una frase que me gustó tanto estética como políticamente. Dijiste “no se lucha por esperanza, porque si se luchara por esperanza, cuando ésta no está, entonces no se lucha”. Entonces, ¿desde dónde seguimos luchando?

En realidad estaba reproduciendo una frase de uno de mis grandes referentes republicanos: Xosé Manuel Beiras. Me parece interesante como reflexión para que la esperanza es uno de los grandes motores de cambio sobre todo cuando la tienen los que no tienen nada. Pero quizás a veces nos toca luchar también sin tener esperanza, y Beiras decía que siempre ha luchado sin esperanza, y precisamente por eso sabía que no se rendiría jamás.

Hoy hay gente frustrada por el 15M o por el movimiento soberanista, y en este contexto me gusta la idea de que a veces tenemos que luchar por dignidad, porque toca, porque no podríamos hacerlo de otro modo

Hoy hay gente frustrada por el 15M o por el movimiento soberanista, y en este contexto me gusta la idea de que a veces tenemos que luchar por dignidad, porque toca, porque no podríamos hacerlo de otro modo. Para que la conquista de la propia libertad y de la libertad ajena es suficiente como para dar la batalla y resistir incluso si no ves un resultado concreto en el horizonte inmediato. No es un argumento en contra de la esperanza, que yo creo que es revolucionaria, pero sí puede servir para recordar que incluso en aquellos momentos donde la esperanza no está a niveles máximos siempre hay razones para seguir luchando.

Bloque 4. Rueda de reconocimiento republicana

Bartolomé de Las Casas

Fue uno de los grandes inspiradores de la concepción moderna de los derechos humanos e inspirador de las grandes revoluciones europeas, de la inglesa, de la francesa, de las revueltas americanas. Es hijo del hecho más importante de su época, y que es muy decisivo en la historia hispana, que es lo que llamó “la historia de la destrucción de las Indias”. Es un personaje horrorizado por ello y cómo reacciona a todo esto (él era un “encomendero” de origen), rompe con su propia biografía y pone las piedras fundamentales para pensar una alternativa basada en la idea de dignidad, en la idea de los derechos humanos y también en una idea de República.

Fue un gran obsesionado para republicanizar una monarquía imperial como la que le estaba tocando vivir y pensó que el primer requisito para poder republicanizar aquella monarquía imperial era acabar con la “encomienda”. Es decir, acabar con el régimen económico que hacía posible la monarquía imperial. En segundo lugar, que cualquier rey debía ser directamente elegido por la gente, y que por tanto, la monarquía hereditaria era absolutamente incompatible con cualquier régimen republicano. Creo que estas ideas tienen todavía mucha fuerza hoy.

Mariana Pineda

Una mujer fascinante. Es un ejemplo de cómo, en un contexto de lucha contra el absolutismo monárquico, el crecimiento del republicanismo democrático puede romper incluso los límites del espacio doméstico. Si Mariana Pineda es una joven viuda granadina que desde la autonomía que le daba la posibilidad de ser viuda y tener un cierto control sobre su domus, digamos, se convierte en una persona que impulsa tertulias republicanas, que acoge a casa a muchos de los activistas liberales (en el sentido español de la palabra) que se estaban enfrentando a Fernando VII, que era acusada de anarquista por los realistas de su época y que paga con su vida este impulso vital.

En el caso de Mariana Pineda, conviene recordar a García Lorca, su compromiso no nace de una formación doctrinaria. No es que Mariana Pineda fuera lectora de autores republicanos, sino que su republicanismo nace de un amor por la libertad y de una inclinación a levantarse contra el abuso, que a mí me parece que es el principal elemento de cualquier actitud republicana en la vida.

José Maria Orense

Otra biografía curiosa. Un cántabro desconocido o poco conocido. Pero que precisamente se formó políticamente en la batalla contra el absolutismo durante el trienio liberal. Fue de los que junto a Riego decidió plantar cara como nadie lo había hecho en unos de los más crueles reyes borbones, Fernando VII. Como todos los que intentaron hacerlo terminó exiliado, terminó marchando a Inglaterra. Después volvió con unas ideas más moderadas pero nunca abandonó este hilo republicano que le llevó a convertirse en 1873 en el personaje que acaba proclamando la República Federal, siendo ya muy grande, y que compartía muchos de los sentimientos que forman parte del núcleo del republicanismo hispano: la separación iglesia-estado, la necesidad de una reforma agraria, la necesidad de la defensa de la ciencia y el pensamiento crítico.

Otra cosa que es menos considerada, pero que para mí es muy importante y es objeto de mis intereses es el iberismo. Es decir, la idea de que para romper la configuración hispánica, monárquica y centralista era muy importante abrir este debate, el debate ibérico. Era una manera también de que el Sur de Europa pudiera hablarle de tú a tú a los “Cien mil hijos de San Luis”, es decir, a las presiones de Francia y de otras potencias. Me parece que es un proyecto sobre el que vale la pena darle vueltas.

Fernando Garrido

Junto a Pi y Margall, uno de los dos grandes personajes del federalismo republicano socialista del siglo XIX. Un cartagenero. Aquí aparecen las grandes ciudades del republicanismo: Barcelona, ​​Cartagena, Cádiz, Coruña. Un personaje enormemente fascinante, interesante, un gran publicista y de una enorme actualidad. Defensor de una idea de federalismo que también yo creo que hay que revisar, que es este federalismo muy pimargalliano, claramente sinalagmático, de abajo hacia arriba, siempre de libre adhesión. Yo creo que después de la experiencia de lo que ha sido el Proceso en Cataluña, son ideas que se necesitan recuperar. Hay que volver a revisar un poco más lo que pensaba realmente Pi en los diferentes momentos de su vida o lo que pensaba personajes como el Fernando Garrido, para encontrar algunas de las respuestas. Esto que decíamos antes, la idea de que todos los republicanismos peninsulares deben tener todos los relojes acompasados ​​para pensar en algún tipo de embate o superación del Régimen monárquico, centralista y cada vez más oligárquico.

Pi Margall

Uno de los más grandes de la tradición republicana democrática ibérica. Los temas de interés que tenía en su cabeza y con los que se compromete son inagotables. Critica los crímenes coloniales, como Las Casas; defiende a los patriotas soberanistas cubanos, como José Martí; elogia a los comuneros parisinos de 1871. Su republicanismo combinaba de manera muy creativa el federalismo, el confederalismo y las diferentes tradiciones socialistas y libertarias. Fue admirado por Engels y Federica Montseny. Se convirtió en presidente de la I República, y aunque no compartía las tomas de una parte del republicanismo popular, se negó a reprimir estos movimientos y presentó la dimisión por enfrentarse inmediatamente al republicanismo diestro que terminó representante Castelar. Es un personaje que sobre todo los jóvenes deberían conocer mejor. Hace poco he leído una historia de América de Pi, donde empieza a hablar de los pueblos indígenas, de cómo estaban organizados: los aztecas, los incas… es de una curiosidad extraordinaria y de una honestidad intelectual y personal abrumadora.

Manuel Azaña

Un republicano español, liberal e intelectualmente burgués, como el mismo decía, pero a la vez muy brillante. Hay un primer Azaña, que la derecha actual y una parte del PSOE se empeñan en olvidar, claramente jacobino y antimonárquico, con momento memorables en el Ateneo de Madrid. Es el mismo Azaña que, en la línea de Pi y Margall, cree que el problema de la organización del Estado se origina ya con Carlos V y la represión de los comuneros de Castilla. Y es el mismo, también, que llega a defender el derecho del pueblo de Cataluña a navegar por sí solos, si así lo deciden libremente, aunque después adopta posiciones más centralistas. Quizás confió demasiado en el papel que la pequeña burguesía ilustrada podía tener en el proceso republicano de su tiempo, despreciando la potencialidad de la autoorganización obrera y campesina, pero sin duda es uno de los exponentes más lúcidos de un republicanismo español progresista que sigue siendo necesario para producir transformaciones más amplias en el conjunto del Estado.

Margarita Nelken

Era, si no estoy equivocado, de familia de judíos alemanes, una mujer enormemente culta. Creo que se le atribuyó una traducción de la Metamorfosis de Kafka. Fue diputada por las Cortes y curiosamente fue contraria al sufragio femenino. Compartía esta idea con Victoria Kent, consideraba que si las mujeres votaban, como aún eran mujeres que estaban demasiado inscritas en ese escenario que Lorca describe tan bien en La Casa de Bernada Alba, un espacio doméstico cerrado, patriarcal, jerarquizado, ganarían las derechas. Otros, como Clara Campoamor entendían que el sufragio femenino era algo que no se podía aplazar. Pero bueno, una mujer con una biografía muy interesante, que pasa del partido socialista a los comunistas, que fue expulsada del Partido Comunista, y que era muy respetada por republicanos como Jiménez de Asúa. Una de las tareas pendientes del republicanismo actual es recuperar estas mujeres, que desde diferentes clases sociales, ya veces lejanas a la tradición estrictamente republicana, como es el caso de la gran Emilia Pardo Bazán, o de muchas mujeres anónimas de clase popular, han sido demasiado invisibilizadas. Es imposible pensar el republicanismo del futuro sin tenerlas presente.

Joaquín Maurín

Seguramente uno de los marxistas hispánicos más originales y creativos del siglo XX. Siempre he sido muy maurinista en este sentido. Incluso cuando exagera -y lo hace muy a menudo- Maurín deslumbra y lo hace de una manera muy personal. En sus escritos aparecen muchas de las tareas democratizadoras que el republicanismo tenía por delante en su época y que aún en tiene hoy: la separación iglesia-estado, la reforma agraria (hoy podríamos añadir la cuestión urbana), la igualdad de las mujeres , la autodeterminación de las naciones del estado… muchos de los elementos de un programa democratizador a la altura del siglo XXI en el estado, en parte ya están en Maurín. Es fascinante por su creatividad y por la importancia que le da a la propia historia hispánica. Es decir, muchas veces en la tradición marxista ha habido idea de que basta leer Lenin, Gramsci, etc. para hacerte una idea de las grandes tareas emancipatorias. Y ya, eso está muy bien, son autores clásicos, pero también se ha de leer el XIX catalán, el XIX español, las tradiciones republicanas gallegas, andaluzas, vascas. Esto Maurín lo tenía presente y su capacidad para establecer conexiones entre fenómenos políticos es realmente admirable.

Josep Fontana

Un gran maestro para toda una generación. A mí, como latinoamericano de origen, me fascinó desde un primer momento la mirada periférica de Josep, que creo le venía también de su catalanidad. En mi biografía hay un hecho curioso: como “castigo político”, mi padre, que era maestro y un abogado modesto, fue nombrado embajador de Argentina en Tanzania en 1963. Escogió ese país precisamente porque su generación veía con mucha esperanza los procesos anticoloniales y socialistas africanos de la época. Pues bien, buena parte de lo que he aprendido sobre estos temas, siendo ya mayor, me viene de textos de Fontana, que era un historiador que no sólo miraba el mundo desde el centro, sino desde África, América, teniendo presente lo que ocurría con la agricultura y otras clases y grupos marginados. Fue capaz de tocar muchos temas que en la historiografía marxista convencional (incluso grandes historiadores como Hobsbawm) no tenían el mismo peso. A través de Fontana, me reencontré con libros que habían sobrevivido en mi casa, después de la dictadura, sobre Amílcar Cabral o Patrice Lumumba. Era increíble ver este señor que te encontrabas en el Raval, caminando en sus últimos años siempre con una pila de libros bajo el brazo. Tenía su cabeza desde allí, en el Raval, en África, en las grandes luchas emancipatorias de las periferias. En uno de sus últimos artículos, a raíz del centenario de la revolución rusa, defendió el confederalismo kurdo como una posible alternativa de organización democrática radical. Un referente absoluto.

Antoni Domènech

Una de las personas que más me ha influido intelectualmente y políticamente. Una mente brillante, que nos mostró que muchas de las convicciones emancipadoras y transformadas que teníamos se podían inscribir en una tradición republicana, democrática, que empezaba en la Antigua Grecia, con Pericles, Aspasia de Mileto, etc. y llegaba hasta la fecha. Y que en esta gran tradición había muchísima gente. Desde los campesinos que impulsaron la Carta del Bosque en la Inglaterra del siglo XIII, hasta los irmandiños gallegos, pasando por Marx y Rosa Luxemburgo, por Thomas Paine, Federica Montseny, Manuel Azaña o Joan Peiró. Toni era otro intelectual de una creatividad enorme. Tenía sus animosidades, había gente a la que detestaba y cuando debía ser crítico no mostraba ningún tipo de auto-contención. Pero al mismo tiempo era muy plural en sus elogios. Le gustaba decir que se consideraba un “socialista sin partido”, y eso lo convertía en un pensador absolutamente antidogmático. Desde un punto de vista histórico, tú podías estar con Azaña y con Maurín mismo tiempo, aunque ellos tuvieran visiones contrapuestas en muchos temas. Y esto es algo que a mí me ha servido mucho y creo que es un buen elemento también para construir lo que necesitamos hoy. No hay que estar de acuerdo en todo para compartir un proyecto republicano democrático con otros. No es necesario tener una única línea correcta de la historia. Nos hemos vuelto de manera razonable mucho más laicos, hay tanta incertidumbre de cara al futuro, que nadie puede aspirar a bajar línea debiendo estar interpretando el sentido secreto que la historia tiene allí. Toni, en eso, era un personaje extraordinario en su curiosidad, rigor, y sobre todo en su pasión republicana. Tú lees un artículo de Toni y te sientes movido, te has de levantar de la silla, porque no estás simplemente leyendo. Hay alguien que te está permitiendo entender el mundo pero que también te está llamando a la acción. La elocuencia republicana era una de sus grandes virtudes.

Arcadi Oliveres

Bueno, otro Bartolomé de las Casas catalán. Al igual que el Pere Casaldàliga y tantos otros. El mejor republicanismo cristiano, de un independentista catalán profundamente solidario e internacionalista. Antes hablábamos de que si había que tener esperanza para luchar. No sé qué es lo que tenía Arcadi, pero él veía algo muy especial porque su republicanismo era de los más infatigables que yo he conocido. De los más comprometidos. Tenía una predisposición constante a ponerse al servicio de los demás, a denunciar los abusos de poder. A poder levantarse y coger un coche destartalado para ir a donde sea de Cataluña, de Extremadura. También ir a Colombia o donde fuera. Seguramente, esto estaba movido por algunas creencias profundas que no están a mi alcance, que a mí se me escapan. Pero que eran profundamente admirables y despertaban una ternura y una firmeza a la vez que son otro de los materiales imprescindibles para nutrir nuestros anhelos libertarios, igualitarios y fraternales.

“En el PSOE creen que Felipe VI les puede proteger de la agresividad de las derechas”

El jurista y diputado Gerardo Pisarello publica “Dejar de ser súbditos”, un ensayo histórico sobre monarquías y repúblicas en España.

Por Diego Díaz Alonso 15 septiembre 2021 Aquí

Gerardo Pisarello en el Museu del Pueblu d´Asturies, Xixón. Foto: David Aguilar Sánchez.

El pasado fin de semana el magnate del grupo PRISA y académico de la RAE Juan Luis Cebrián calificaba de “panfletillo” desde las páginas del diario El País el último libro de Gerardo Pisarello (Tucumán, Argentina, 1970) “Dejar de ser súbditos. El fin de la restauración borbónica” (Akal, 2021), un ensayo histórico sobre la monarquía y el republicanismo en España, escrito con el telón de fondo de los escanándalos de corrupción y la huida de Juan Carlos I. Pisarello, profesor de derecho constitucional de la Universitat de Barcelona, ex teniente de alcalde de la ciudad condal con Ada Colau, y en la actualidad diputado de En Comú Podem, estuvo en Xixón invitado por Podemos Asturies para hablar del libro que tanto ha disgustado a Cebrián, y del futuro del republicanismo. Está convencido de que la monarquía se encuentra mucho más débil de lo que pensamos. Y que Felipe VI es muy consciente de ello.

En Gran Bretaña y Francia se ejecutaron reyes, también Rusia… En Portugal un regidicio sentenció la monarquía en 1908… ¿Por qué en España nunca pasó algo igual?

En la tradición española hay mucha violencia iconógrafica contra los símbolos mónárquicos, desde el lanzamiento de bustos a la quema de cuadros o el derribo de estatuas, pero al mismo tiempo se ha respetado la vida de los reyes, y se ha optado siempre por exiliarlos. En la práctica ha funcionado un pacto entre republicanos y monárquicos moderados para dejar marchar a los reyes y evitar así el juicio y la condena. Esa ha sido la solución española por excelencia. Todavía hoy con Juan Carlos I. Eso sí, los Borbones nunca han admitido el exilio como destino definitivo. Siempre lo han usado para conspirar y trabajar por el regreso de la dinastía.

¿Se equivocó Riego no ejecutando a Fernando VII?

En las Cortes de Cádiz se llega a debatir. Un diputado gallego plantea que la guillotina “debe hablar” en España. Riego sin embargo temía que la ejecución del Rey abriera una espiral de violencia imparable, como había pasado en la Revolución francesa. En todo caso mostró un respeto excesivamente reverencial hacia alguien tan detestable como Fernando VII. Ni siquiera se atrevió a hacerle un juicio político cuando ya era evidente que conspiraba para restaurar el absolutismo y suprimir la Constitución.

“Riego mostró un respeto excesivamente reverencial por Fernando VII”

Un personaje apasionante, Amadeo I. Te refieres a su breve reinado como un fracaso que no convence ni a republicanos ni a monárquicos. ¿Qué falló en aquel experimento de una “monarquía electiva” sin los Borbones?

En 1868 pasa una cosa muy interesante. El régimen oligárquico es desafiado por Prim, un militar catalán que derroca a Isabel II, pero que tampoco cree en una excesiva profundización democrática, y que por eso busca una solución transitoria: una monarquía republicana, elegida por las Cortes y con una dinastía alternativa a los Borbones. Llega incluso a plantearse que el trono sea ocupado por el general Espartero, es decir, por un plebeyo sin sangre azul. Finalmente se escoge a Amadeo de Saboya, un rey que estaba dispuesto a cumplir la Constitución, reinar sin gobernar, e incluso admitir la reforma agraria. El problema es que apenas tiene apoyos. El pueblo llano lo rechaza por extranjero, para las oligarquías es una monarquía que no asegura sus intereses económicos y para los republicanos supone una democracia insuficiente.

¿Por qué ese empeño de las clases dominantes en la monarquía? El mundo está lleno de repúblicas capitalistas

La dinastía borbónica ha jugado un papel clave en afianzar un tipo de capitalismo en España, rentista y financiero, muy poco interesado en la innovación industrial. El partido monárquico en España ha sido desde el siglo XIX el de los intereses terratenientes y financieros, ahora inmobiliarios, financieros y de la gran propiedad agrícola. Esa derecha más moderna que puede representar el PNV es muy minioritaria.

Abro melón: el PSOE y la monarquía

Es el partido de las clases medias y populares. El partido que históricamente ha tenido la llave para el cambio de régimen. A veces en el Congreso me pregunto: ¿Dónde están hoy ante los escándalos de Juan Carlos I los Indalecio Prieto, los líderes socialistas que denunciaron la corrupción de Alfonso XIII? Hay mucha base republicana en el PSOE, e incluso más arriba, pero la mayoría de sus dirigentes están por una monarquía moderada y progresista, con límites constitucionales.

¿Por qué obstaculiza que se investigue la fortuna de Juan Carlos I?

Creen que pueden convertir a Felipe VI en un aliado que les puede proteger de la agresividad de las derechas, de un movimiento destituyente para sacarlos del Gobierno. Pero esa idea de Felipe VI como rey republicano se vino abajo cuando aprovechó el estado de alarma para desvincularse de los negocios de su padre. Fue un gesto de opacidad que liquidó cualquier posible ilusión de una monarquía transparente.

Otra de las tesis es que España es un país de pocas repúblicas y mucho republicanismo

El hecho de que España solo haya tenido dos breves repúblicas no significa que el país no haya tenido mucha, muy vigorosa y muy plural tradición republicana. Una tradición que engloba no solo a los que se definían como republicanos, sino también a otras corrientes democratizadoras: socialistas, libertarios, comunistas, cristianos de base… Los sindicatos y otras formas de autoorganización popular, las casas del pueblo, los ateneos o el cooperativismo son instituciones republicanas.

¿Alguna idea para el republicanismo del siglo XXI?

Conjugar, como en otros momentos de la historia, unidad y diversidad. Hace falta alianzas muy plurales en lo político, y en lo social, que vayan desde las clase trabajadora a las clases medias, para frenar la ofensiva ultraderechista global. Necesitamos trabajar en común.

Diego Díaz Alonso Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

Entrevista de Pablo Elorduy para El Salto

Gerardo Pisarello: “El PSOE quiere a la monarquía como un escudo contra la derecha pero el precio es garantizar su impunidad”

El diputado de Unidas Podemos, Gerardo Pisarello, desarrolla en su último libro la idea de que, a pesar de que se nombra así en la Constitución, la española no es una monarquía parlamentaria.

Gerardo Pisarello entrevista - 3
Gerardo Pisarello es Secretario primero del Congreso de los Diputados y responsable de relaciones políticas e internacionales de Catalunya en Comú. DAVID F. SABADELL

Pablo Elorduy  @pelorduy

El Salto 1 AGO 2021 06:07

El secretario primero del Congreso de los Diputados, Gerardo Pisarello (Tucumán, Argentina, 1970), ha escrito Dejar de ser súbditos. El fin de la restauración borbónica (Akal, 2021). En esta obra, Pisarello recorre la historia de la monarquía en España y cómo esa historia ha estado marcada por pelotazos, traiciones y deslealtades. Cuando se cumple un año de la salida/fuga de Juan Carlos I a Emiratos Árabes Unidos, todas las opciones permanecen abiertas. Hay un contragolpe de las fuerzas de la derecha que priorizan la supervivencia de la monarquía a la de la democracia pero, opina Pisarello, no está agotada la vía republicana, pese a le evidente descoordinación de las distintas pulsiones que existen en el conjunto del territorio.

Tras casi una década de escándalos en torno a la Casa Real queda claro que hay un espacio republicano amplísimo pero, ¿hay fuerzas para ocuparlo?
Primero, hay muchas tradiciones republicanas peninsulares invisibilizadas, que se desconocen. Para construir esas tradiciones republicanas del futuro es necesario conocerlas. Por eso, para mí era importante visibilizarlas en el libro, que seamos conscientes de estas tradiciones gallegas, andaluzas, catalanas, vascas, que hay un republicanismo feminista, por ejemplo, que se hizo poco vivibles pero que fue muy fuerte durante el siglo XIX. Creo que para reconstruir, para plantear un republicanismo o una coordinación de los diferentes movimientos republicanos peninsulares a la altura de los retos del siglo XXI, hay que partir de eso. Me parece que, más allá de la necesidad de que los republicanismos democráticos, populares, de izquierdas, intenten ese acompasamiento o coordinación de sus relojes (y para eso tienen que conocerse), también es importante que vaya apareciendo un republicanismo democrático moderado y conservador que entienda que la monarquía es un obstáculo incluso para la modernización económica tal y como la entienden ellos. Hay sectores del PNV que representan eso.

¿Es posible que emerja ese republicanismo de derechas?
Para que exista la posibilidad tienen que aparecer incluso más Ortegas y Gasset —Ortega era un elitista demófobo en muchos sentidos pero es alguien que en un momento determinado escribió un artículo que acababa con aquella frase “Delenda est monarchia” [la monarquía debe ser destruida]. Hay que destruir a la monarquía si queremos un régimen mínimamente regenerado, que sea capaz de superar unas prácticas clientelares y rentistas que son un lastre para el progreso económico, social y cultural.

Estamos ante la irrupción de un partido del rey y ante un rey que se deja querer por esas fuerzas de extrema derecha

Una especie de “partido del Rey” ha conseguido reforzarse. Vox nace con esa misión, usa el color verde, que tiene un simbolismo tan claro en la historia de España y ha conseguido que el adversario a la idea de la república aparezca como muy agrupado y muy fuerte.
Hay una cierta coincidencia en la emergencia de Vox y el declive del juancarlismo. Cuando, con el caso Nóos, se acaba la omertá y comienza la debacle del juancarlismo es cuando la extrema derecha comienza a irrumpir, con la idea de ofrecerle a la monarquía una salida primorriverista. Es decir, si la monarquía se ve investigada, ve peligrar su estabilidad, aparece un partido de extrema derecha, autoritario, que reivindica abiertamente el franquismo, que está dispuesto a darle cobertura. La cuestión es que Felipe VI no reacciona rechazando esa oferta. En el entorno de la monarquía hemos visto cómo los sobrinos del rey —Froilán, Federica— han asistido a actos de Vox, sin que reciban una reprimenda especial por parte de la Casa Real y cómo las inclinaciones ideológicas de Felipe VI son más derechistas que las de su padre.

¿Qué pruebas hay?
Esas ideas se manifiestan de distintas maneras, no solo en el discurso del 3 de octubre de 2017, también en la llamada por teléfono a Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial. En el Tribunal Supremo, entre otras cosas, está aforado su padre Juan Carlos, y la cúpula de un poder judicial desempeña hoy un papel muy importante para consolidar las agendas de la derecha extrema y para frenar agendas más progresistas. Felipe VI tampoco ha condenado los crímenes franquistas. En efecto, estamos ante la irrupción de un partido del rey y ante un rey que se deja querer por esas fuerzas de extrema derecha, lo cual hace que no podamos descartar en un contexto como el que estamos que una de las posibles salidas a la crisis de la monarquía sea una salida autoritaria.

Los pueblos y las gentes peninsulares no van a poder decidir libremente su destino, de forma clara y de forma limpia mientras haya monarquía

¿Qué ha supuesto Catalunya para Felipe VI?
Creo que supone un problema enorme. De hecho, me parece que las dudas de la monarquía frente a la operación del indulto, son un intento propagandístico de intentar reparar lo que significó el discurso del 3 de octubre. Por eso Díaz Ayuso marca el terreno diciendo que el rey tendría que cuestionarse si firma o no esos indultos. La escenificación que se hace entonces no es simplemente que firme, sino que una parte importante de los sectores empresariales catalanes piden la presencia del rey en Catalunya. Consideran que hay una figura que hay que dar por perdida y hay que dejar caer, que es Juan Carlos I, pero que es posible inventar un nuevo ‘felipismo’ que venga a suceder al juancarlismo.

¿Va a funcionar?
Esa operación tiene muchos límites. Porque en la configuración que el propio franquismo le da en la transición y que no se revierte del todo con el dibujo constitucional, el papel del rey como garante de la indisoluble unidad de la nación española —“patria común e indivisible de todos los españoles” como dice el artículo 2— imposibilita que la monarquía pueda dar una respuesta adecuada al desafío plurinacional que tenemos sobre la mesa. Puede haber avances, en algunos elementos tímidos de descentralización, en algunos elementos económicos, puede intentar coser algunas relaciones con parte de ese empresariado en Catalunya, pero creo que los pueblos y las gentes peninsulares no van a poder decidir libremente su destino, de forma clara y de forma limpia mientras haya monarquía, y eso es parte del problema.

Veníamos de una fase de desbordamiento, en Catalunya pero antes también en el conjunto del Estado. Ahora se ha dado esta fase de reacción que ha dejado inerme al desbordamiento, en ambos lugares. Has querido reflejar que todos los escenarios permanecen abiertos. ¿También los de un segundo momento de desbordamiento?
Lo que indica lo que está pasando en otros puntos del planeta, también frente a esta ofensiva global de la extrema derecha —que es una versión más violenta, incluso neofascista, del neoliberalismo— es que hay reacciones diversas y muy duras. Como en el caso de Chile, por ejemplo, donde frente a un régimen constitucional blindado, con una Constitución que parece irreformable, de pronto hay un tipo de movilización popular que lo desborda todo —movimiento feminista, movimiento de trabajadores— y se abre un proceso constituyente. Nosotros seguimos, me parece, instalados en la paradoja de que la crisis de régimen continúa estando abierta, es una crisis muy profunda, pero crece por un lado una opción de extrema derecha que lo que plantean son alternativas que son casi prerrégimen del 78, acercándose a lo que era el franquismo.

Gerardo Pisarello entrevista - 4
DAVID F. SABADELL

Sin alternativas claras.
Pero las fuerzas republicanas democráticas existen y tienen un papel. En el Congreso se expresan de formas diferentes —fuerzas republicanas independentistas o no independentistas, desde Bildu a Esquerra, CUP, Más País, Compromís…— es un arco muy amplio, pero no tienen la fuerza suficiente para imponer ese cambio. Lo mismo ocurre con la monarquía.

El precio que el PSOE paga por tener a la monarquía a su lado es garantizar la impunidad de unos casos de corrupción que son tan escandalosos hoy, que están a la vista de gran parte de la ciudadanía

¿En qué sentido?
Uno tiene la sensación de que está en una situación de debilidad que no experimentaba desde la Transición. Para muchos sectores conservadores Felipe VI parece incluso amortizado y ya quieren acelerar el ascenso de Leonor. Pero por otro lado tampoco se visualiza un movimiento republicano lo suficientemente fuerte como para generar una transformación socioeconómica que debilite a los poderes fácticos, que son los aliados de la monarquía. Por tanto creo que estamos en esa tensión, ni el viejo régimen se consolida, o puede salvar su crisis —la monarquía no puede ocultar el cráter enorme que estalla con el comunicado de la Casa Real del 15 de marzo de 2020— pero todavía las fuerzas republicanas democráticas no tienen la suficiente fuerza.

¿Es el PSOE el muro que impide visualizar una república?
Creo que es un elemento contradictorio. Por un lado hay una memoria socialista antimonárquica que muchas veces se expresa en las propias bases del PSOE, que son claramente republicanas. Cuando en las encuestas se pregunta sobre la monarquía, la gente de adscripción socialista, especialmente la más joven, dice que tendría que haber una comisión de investigación por los delitos que se atribuyen a Juan Carlos I y es sumamente crítica con la monarquía. Hay gente mayor que no se olvida de que Indalecio Prieto y Julián Besteiro casi llevaron a Alfonso XIII a sentarse en una comisión de investigación por el caso Annual.

Ha llovido mucho…
Por otro lado, efectivamente está el Partido Socialista que ya con el felipismo pensó que la monarquía podía ser un escudo para protegerse de los movimientos destituyentes de la derecha. Que si la monarquía estaba con el Partido Socialista y el PSOE protegía a la monarquía, la derecha franquista no iba a poder consumar sus proyectos destituyentes. Algo de eso veo todavía, pero me parece una estrategia que tampoco se sostiene. Porque el precio que el PSOE paga por tener a la monarquía a su lado es garantizar la impunidad de unos casos de corrupción que son tan escandalosos hoy, que están a la vista de gran parte de la ciudadanía, y que degradan el propio proyecto de transformación social que el PSOE quería encarnar. Me parece que están atrapados en esa contradicción. Quieren utilizar a la monarquía como un escudo para protegerse de la derecha pero el precio es garantizar la impunidad de la monarquía y finalmente el apoyo a muchos sectores económicos que están detrás de la monarquía y que, por su parte, tampoco quieren que gobierne el PSOE.

Creo que desde el interior no hay voluntad alguna de sentar a Juan Carlos I ante una comisión de investigación en el Congreso

En las últimas semanas han salido a la luz nuevas informaciones sobre el papel de Juan Carlos I como intermediario para la venta de armas. ¿La monarquía ha convertido al Reino de España en un país mucho más militarista de lo que por su posición podía haber sido?
Absolutamente. Me parece que una de las tentaciones que hubo después del comunicado de la Casa Real en el que se atribuía a Juan Carlos I el vínculo posible con paraísos fiscales, con los casos de evasión y blanqueo de capitales, es pensar que lo suyo era solo una cuestión económica. Pero hay que ver que eso va vinculado a una concepción de la geopolítica. Uno de los primeros viajes que Juan Carlos I hace cuando es nombrado rey es al Chile de Pinochet, a la Argentina de Videla. Sus vínculos con el rey de Marruecos arrancan también desde un inicio. Por tanto, esos vínculos con estas políticas de tráfico de armas, están en el momento constitutivo de la llamada monarquía parlamentaria. No es algo que haya pasado hace dos días. Son actitudes que son vergonzosas económicamente pero que también lo son desde el punto de vista político. La monarquía ha facilitado que el Reino de España se haya convertido en una potencia militarista hacia afuera, que saca adelante operaciones neocoloniales en sus relaciones con otros países, sobre todo en América Latina —con el famoso episodio del “por qué no te callas”—. Y, desde el punto de vista de política interior, ha amparado algunos momentos tremendos como fue el momento del terrorismo de Estado con los GAL.

Una de las cosas que destacas en el libro es que la cultura del pelotazo no nace con Juan Carlos I.
Ahora están saliendo muchos libros contra Juan Carlos I, como si se hubiera levantado una veda y en los medios se permitiera un tipo de crítica hoy que era impensable con posterioridad al 23 de febrero de 1981, entendido el 23F como hecho legitimador del “todo vale” para el juancarlismo. Pero claro, el problema no es solo Juan Carlos. Cuando estudias en términos históricos las actuaciones de Juan Carlos es inevitable pensar en Alfonso XIII, en su bisabuela Isabel II, pensar en Fernando VII. Los borbones son un problema, pero no solo ellos. También durante los Austrias ocurrían muchas de estas cosas. Y en realidad con los Reyes Católicos también se daban, porque la construcción del reino hispano, como reino que quiere ser unificado, está muy vinculada a la conquista y al expolio de América. Y por lo tanto al dinero fácil.

Una parte del progresismo siempre ha confiado en que se podía limitar a la monarquía, pero en realidad, cuando se manifestaron con más claridad las energías democratizadoras peninsulares fue cuando hubo momentos más claramente republicanos

¿Qué supone cultural y a lo largo de la historia ese momento de “descubrimiento”?
Esa construcción del reino hispano está ligada a un modelo económico que ampara el rentismo y un modelo extractivista, en el que la corte sirve de pegamento a este tipo de sectores., Como esa corte se define como católica, no solo es incompatible con la modernización económica tal como se concibe en otros países, sino que es incompatible con el respeto a la diversidad lingüística, con el respeto a la diversidad étnica, con un componente profundamente sexista y machista y homófobo, como se ve durante la Inquisición. Sin pretensión de exagerar, uno ve que hay un hilo que se mantiene a lo largo de la historia en el que la monarquía es una pieza fundamental, porque es garante de los intereses de esas oligarquías rentistas extractivistas. Y, para llevar adelante su proyecto, necesita de una concepción muy autoritaria desde el punto de vista cultural, de la tolerancia religiosa, de la tolerancia de las ideas.

¿Qué consecuencias tiene esa concepción?
Una de las ideas del libro era mostrar que el problema fundamental, tal como se configuró la monarquía hispánica, es que ésta es un elemento de freno a los procesos de democratización en todos los ámbitos. Y también un elemento de freno a la modernización. Ha habido intentos de ponerle cotos, de poner límites. Una parte del progresismo siempre ha confiado en que se podía limitar a la monarquía, pero en realidad, cuando se manifestaron con más claridad las energías democratizadoras peninsulares —esas energías modernizadoras y creativas desde un punto de vista artístico e innovadoras en términos científicos— fue cuando hubo momentos más claramente republicanos.

Por más que lo diga la Constitución española, nunca ha habido en España una monarquía parlamentaria

¿Dónde pueden acabar los casos que actualmente sacuden a la Casa Borbón?
Mis esperanzas las tengo puestas, simplemente, en lo que pueda pasar en Suiza. Si el fiscal Yves Bertossa, que es independiente y garantista, decide avanzar en las investigaciones, me parece que puede ocurrir algo. Creo que desde el interior no hay voluntad alguna de sentar a Juan Carlos I ante una comisión de investigación en el Congreso. No hay voluntad alguna de sentarlo en el banquillo de los acusados en un Tribunal. Soy bastante pesimista en que la Fiscalía y en el Tribunal Supremo permitan que eso ocurra. Hemos visto que incluso Hacienda ha hecho una cierta dejadez de funciones a la hora de actuar en los casos de irregularidades fiscales. Pero eso no quiere decir que no hay que seguir insistiendo en esa línea, que no haya que seguir mostrando que el rey y que la monarquía parlamentaria están desnudos.

¿Va a servir para algo la Ley de la Corona que se anunció a finales del año pasado?
La conclusión a la que hemos llegado muchas personas que nos sentimos republicanas es que finalmente somos nosotros los que estamos exigiendo que la monarquía se comporte parlamentariamente. Y lo que estamos haciendo es mostrar que en realidad, por más que lo diga la Constitución española, nunca ha habido en España una monarquía parlamentaria. Porque los borbones son una dinastía muy maleducada en términos constitucionales, muy caprichosa, que nunca ha aceptado ningún tipo de límites. Pero precisamente por eso sus límites son importantes. Si el presidente dice que le genera inquietud y perturbación el comportamiento de la monarquía y que hay que garantizar transparencia y que no haya opacidad, creo que hay que batallar al máximo para que esa transparencia exista, para que se deroguen los delitos contra la imagen de la corona, para que efectivamente se pueda criticar.

¿Serviría al fin de los republicanos?
Hay algo en el funcionamiento de la monarquía que está emparentado con el modus vivendi de los vampiros que, cuando los expones a la luz, apenas pueden sobrevivir. Hemos llegado a un punto donde la sola transparencia puede tener un papel muy transformador. Porque el principal actor histórico de erosión de la monarquía ha sido la propia dinastía borbónica. Simplemente con poder hacer visible, con que no se criminalice a quienes intenten hacerlo visible ya tendríamos muchas posibilidades de que, más temprano que tarde se pueda abrir una vía republicana.

La imagen que más esperanza me genera es alguna que se parezca al Pacto de San Sebastián, que implica que las diferentes fuerzas republicanas puedan coordinar los relojes

Entre bambalinas se ha comentado que esa reforma incluiría la renuncia a la jefatura de las fuerzas armadas. Esto puede generar un problema de procedimiento importante, puesto que sería necesaria una reforma constitucional ¿Es factible?
Yo me imagino muchas reformas que serían posibles, pero no acabo de verlas viables porque continúa habiendo un problema de fondo. Las dos constituciones que más han durado en la historia de España son la de 1876 —para la primera restauración— que es una Constitución que tuvo muchos intentos de reforma. ¿Por qué no se reformaba nunca? Entre otras cosas por lo que decía [José] Canalejas, porque abrir la cuestión de la reforma constitucional implica indirectamente la posibilidad de que se reforme la forma del Estado, y que se cuestione la monarquía. Y es lo que está pasando ahora.

La segunda Constitución que más ha durado es la de 1978.
Sí, ¿por qué no se abre un debate sobre la reforma constitucional? Porque cualquier debate que no sea simplemente una cuestión cosmética, en el que se discuta algún elemento de algún artículo aislado, abriría el debate sobre la forma de Estado. Y a lo que hay pánico es a que eso se pueda plantear. Estoy convencido de que si se abre ese debate y finalmente se sometiera a referéndum ese tipo de cambios constitucionales —separar la figura del rey de la jefatura de las fuerzas armadas, por ejemplo, como pasa en la monarquía sueca— finalmente se sometería a la voluntad popular la supervivencia o no de la monarquía.

Gerardo Pisarello entrevista - 1
Gerardo Pisarello en los pasillos del Congreso de los Diputados. DAVID F. SABADELL

¿Se puede llegar a ese punto?
Si eso se produjera en el contexto de una campaña en la que se pudieran defender abiertamente las diferentes posiciones, creo que probablemente volvería a pasar lo mismo que pasó con Adolfo Suárez: que el responsable político de turno se taparía el micrófono y diría “no salimos a hacerlo porque lo perdemos”.

¿Cuál es el escenario que más optimismo te genera como republicano? 
Mi experiencia en el Congreso es que a pesar de los enormes obstáculos, a pesar de las reticencias, y a pesar de la armadura jurídica que existe alrededor de la Corona —que impide que sea investigada formalmente, que se planteen según qué preguntas— he visto intervenciones en el pleno, en las comisiones, enormemente críticas, de diputados y diputadas republicanas de diferente signo. He visto gente que expresa las diferentes tradiciones republicanas del Estado. Diputadas vascas, diputados de origen andaluz, gente de ERC, de la CUP, de Más País, de nuestro grupo confederal, incluso del PNV. Hay muchas fuerzas republicanas que cuestionan abiertamente la monarquía. La imagen que más esperanza me genera es alguna que se parezca a lo que fue el Pacto de San Sebastián, que implica que las diferentes fuerzas republicanas —no solo las de izquierdas sino fuerzas republicanas moderadas, democráticas— puedan coordinar los relojes y ponerse de acuerdo en que la superación de la monarquía tiene que ser un paso necesario para poder impulsar un concepto del que hablaba Xosé Manuel Beiras, que es el de proceso de procesos constituyentes. Porque la vía de la reforma constitucional minimalista está agotada. Por tanto hay que construir esa vía.

No creo que vaya a haber un republicanismo legalista que encuentre la solución técnica correcta

¿Es un escenario al que ir de la mano de la nostalgia, de la bandera tricolor, o es un libro blanco para que integre también a quienes no se sienten interpelados por esos referentes?
Para construir eso hacen falta materiales del pasado. Porque si dejamos que nos invisibilicen las tradiciones republicanas que existieron y que fueron enormemente plurales —libertarias, socialistas, comunistas, de autoorganización popular, con ateneos, bibliotecas, distintas formas sindicales, etc—, si borran eso va a ser muy difícil. Haciendo visible eso, creo que tenemos que hacerlo pensando en que ese nuevo republicanismo que hay que construir —cercano a lo que planteaba Pi i Margall, o lo que se planteó en la gran revuelta cantonalista de 1873— naturalmente tendría que incorporar elementos de futuro. En ese sentido, con modestia y sin arrogancia, creo que debemos mirar un poco más al sur. Chile está dando un ejemplo de eso.

¿En qué sentido?
El republicanismo del siglo XXI tiene que partir de cosas como que una asamblea constituyente, como mínimo, solo puede ser paritaria, que tiene todo el sentido del mundo que quien presida la asamblea constituyente sea, como en el caso de Chile, una mujer mapuche que representa a las olvidadas de siempre. Creo que las nuevas generaciones pueden aportar mucho para conectar con eso sin perder las diferentes memorias, que se parecen a las del futuro mucho más de lo que nos imaginamos.

Pero en Chile la Constitución ha llegado por una cuestión material como es el precio del transporte.
Es importante tener eso presente. A veces nos ponemos ansiosos, queremos fórmulas “será reformando la Constitución…”. No creo que venga por cambios jurídicos elaborados en un despacho. No creo que vaya a haber un republicanismo legalista que encuentre la solución técnica correcta. Históricamente, las caídas de la monarquía se produjeron por situaciones de insatisfacción material de la ciudadanía que estaban conectadas con la conciencia de los privilegios y de los enormes abusos que suponía la existencia de la monarquía. Cuando la gente ha pasado una pandemia, no tiene para pagar el alquiler, no tiene trabajo fijo o tiene trabajos enormemente precarios, tolera mucho menos los abusos y la prepotencia y los atropellos del poder. 24 horas antes de caer Isabel II, los diarios publicaban que era la reina más querida por todos los españoles, por su casticismo y por su gracia. Y al día siguiente la gente estaba arrojando cuadros de Isabel II por los balcones de los Ayuntamiento y organizando hogueras con figuras monárquicas.

Gerardo Pisarello “Mentre hi hagi monarquia a Espanya, no hi haurà dret a decidir a Catalunya”

Entrevista per Sergi Picazo @sergipicazo 28/07/2021 Crític

Gerardo Pisarello (Tucumán, l’Argentina, 1970) proposa si fa no fa una via de treball per a tots els republicans de, com li agrada dir a ell, la península Ibèrica: enderrocar la monarquia borbònica com a clau de pas per alliberar les energies atrapades pel Règim del 78. Per això porta anys estudiant les caigudes i restauracions de la monarquia a Espanya, i ho acaba de publicar al llibre Dejar de ser súbditos. El fin de la restauración borbónica (Akal, 2021). Membre del nucli impulsor de Barcelona en Comú, va ser primer tinent d’alcaldia de l’Ajuntament de Barcelona i ara és diputat i membre de la Mesa del Congrés dels Diputats. Pisarello segueix sent avui una de les ments pensants dels Comuns. Gerardo Pisarello: “Mentre hi hagi monarquia a Espanya, no hi haurà dret a decidir a Catalunya”

Són, realment, els últims dies de la monarquia a Espanya?

Les monarquies hereditàries estan en crisi al món. Al segle XVIII eren la forma majoritària d’Estat, i ara hi ha només un 8% de monarquies. I, en el cas del Regne d’Espanya, els Borbons tenen un problema enorme: pateixen una crisi molt gran, creada per ells mateixos, i a la qual no saben quina sortida trobar. El joancarlisme funcionava perquè hi havia uns interessos econòmics i polítics que permetien sobreviure a la monarquia. Però això està trontollant.

L’establishment espanyol està intentant fer una bona jugada: cremar la figura de Joan Carles per salvar Felip.

De moment, podria estar funcionant, sí. La valoració de Felip VI a les enquestes, fins i tot a l’enquesta de la Plataforma de Mitjans Independents, és millor que la del seu pare en totes les facetes. L’objectiu és fer veure que Felip VI no té res a veure amb el seu pare. Però és una idea molt discutible: bàsicament, perquè Felip, per una qüestió d’edat, ja no era un nen quan es produeixen totes les operacions financeres i el cobrament de comissions del seu pare. El problema és que el PSOE no vol estirar aquest fil. Em fa la sensació que la direcció socialista pensa que mantenir i defensar la institució monàrquica és un bon escut contra els atacs de la dreta i de la ultradreta.

Hi ha gent que ha conegut Felip VI i diu que és més de dretes, molt més de dretes, que Joan Carles.

Joan Carles, que va ser designat per Franco, va començar a regnar en un moment en el qual l’antifranquisme i les esquerres eren molt fortes. Va haver de negociar amb el PSOE o, fins i tot, amb Santiago Carrillo per a la legalització del Partit Comunista. Malgrat les seves inclinacions personals, va haver de mostrar-se com un rei modern i va haver de garantir que pogués haver-hi un Govern del PSOE l’any 82 després del cop d’Estat. A més, va acabar tenint una bona relació amb Felipe González. En canvi, Felip ja creix en un moment de declivi del moviment antifranquista i envoltat d’amistats que venen de l’extrema dreta o que han acabat com a empresaris vinculats a casos de corrupció. Ell, per la seva formació, és més conservador que el seu pare i se sent més còmode amb la dreta que el seu pare. 

Foto: IVAN GIMÉNEZ

“Si les coses es compliquen, Espanya podria patir un gir autoritari com el de Primo de Rivera”

Si hi ha una regressió política a Espanya cap a l’extrema dreta… què passaria amb la monarquia?

Al llibre explico justament que la monarquia espanyola podria sobreviure en el marc d’un gir autoritari amb un Govern, posem per cas, del PP i de Vox. Jo crec que podria haver-hi una sortida a la Primo de Rivera si les coses es posen complicades. Això podria passar. Per això, cal vigilar bé la monarquia. Quan Felip VI truca a Lesmes, el president del Consell General del Poder Judicial, s’ha de denunciar. Quan Felip VI fa el discurs que va fer el 3 d’octubre de 2017 sobre Catalunya, s’ha de dir que està incomplint fins i tot el marc constitucional.

Quina funció política de fons han tingut els Borbons al llarg dels últims dos segles: la unitat d’Espanya, mantenir l’statu quo, empènyer cap al conservadorisme?

Això és important. No ens hem de quedar amb la crítica a les malifetes actuals de Joan Carles. El problema amb els Borbons és històric, i ve fins i tot d’abans, en l’origen de l’intent de creació d’una nació espanyola i en el que Bartolomé de las Casas anomenava la destrucció de les Índies. La monarquia és un dels agents impulsors a Espanya d’un model econòmic basat en l’espoli de les Amèriques i en el diner fàcil d’un model extractivista i rendista que, potser exagerant, es manté vigent fins avui. La monarquia actua com a cola d’enganxar els diferents sectors vinculats a l’economia rendista des del temps de la colònia fins a l’actualitat, des de la plata fins al petroli, i que ha impedit els avenços democràtics i modernitzadors del país.  

“El gran tema és poder demostrar si Felip VI estava al cas de tot el que feia el seu pare i se n’ha beneficiat”

Per què la monarquia ha caigut en països propers com Itàlia, Grècia o Portugal, i no a Espanya? De fet, a Espanya es va aconseguir enviar a l’exili diversos reis… però sempre han acabat tornant-hi.

El jurista Javier Pérez Royo, al pròleg del llibre, parla de la restauració permanent. Sempre hi tornen! El primer problema és que ni a Espanya, ni a Catalunya, hem tingut una revolució victoriosa com a França contra les estructures polítiques i econòmiques que mantenien viva la monarquia. Després, cal recordar que, després de la Segona Guerra Mundial, Itàlia aconsegueix espolsar-se la monarquia després que s’aliés amb el feixisme, i a Espanya el franquisme va triomfar i va comportar el retorn de la monarquia. Durant els últims dos segles, els moviments republicans espanyols han aconseguit forçar a l’exili uns quants reis i reines, però mai van aconseguir posar fi a les estructures econòmiques que sustentaven la monarquia. De vegades sembla que les tradicions republicanes peninsulars sempre s’hagin acabat espantant davant la possibilitat d’un vessament de sang. Amb algunes excepcions, eh, com el republicà català Abdó Terrades i la seva famosa expressió de la “cuchilla niveladora de la democracia”.

És curiós, aquest fenomen dels republicans espanyols. Molta gent d’esquerres que s’identificava com a joancarlista. El PSOE que es declara republicà però partidari dels Borbons. I, fins i tot, aquell primer Podem, que potser per càlcul demoscòpic, no volia atacar directament el rei i protagonitzava moments com aquell de Pablo Iglesias regalant sèries de televisió a Felip VI.

Noooooo… La meva impressió és que el que va passar és que, quan parles de republicanisme a Espanya, sovint s’identifica amb els anys trenta i, per a una bona part de la població, remet a una època conflictiva i a la Guerra Civil. El primer Podem volia crear un imaginari polític nou i volia crear una experiència republicana de futur, i no de passat, i crec que això era un encert. Aquella batalla per la república, però, s’havia d’haver donat des de bon inici i, al final, es va acabar donant d’una manera molt natural. Fins i tot ara Podem ha entès que la seva manera de mantenir el seu impuls és vincular-se totalment a la tradició republicana. Les victòries municipalistes del 2015, des de Cadis fins a Barcelona passant per València, la Corunya o Saragossa, es donen justament en tot l’arc de ciutats tradicionalment republicanes i, a partir d’allà, es produeix una desborbonització generalitzada. El republicanisme espanyol no mata mai els reis… però sí que és molt dur destruint els símbols. Quan es produeix la caiguda d’Isabel II, ja es cremen quadres de la reina a la plaça de Sant Jaume!

Sovint els Borbons no han caigut per la seva actitud “política”… sinó que per errors inesperats han acabat gairebé tots a l’exili: Ferran VII, la regent Maria Cristina, Isabel II, Alfons XIII, Joan Carles. Quin podria ser l’error que precipiti una caiguda de Felip?

Els Borbons sempre han caigut quan la gent ha pres consciència dels seus abusos, sobretot quan els abusos han arribat a un punt insuportable. Històricament, amb Ferran VII o Isabel II o Alfons XIII, els abusos s’han vist com a insuportables quan tenien motivacions econòmiques. Però no només han caigut pels diners…; també han tingut problemes greus per les seves aventures polítiques com ara guerres colonials o el suport a governs corruptes. Ara ho estem veient amb Joan Carles: el problema no són només els diners… sinó també la seva possible implicació en el tràfic d’armes o el seu suport a governs dictatorials. Aquí el gran tema és poder demostrar si Felip VI estava al cas de tot el que feia el seu pare i si Felip VI se n’ha beneficiat. Quan això es torni insuportable per a la majoria de la societat, la monarquia tindrà un problema. Per tant, el republicanisme ha de seguir denunciant tota aquesta foscor.

Foto: IVAN GIMÉNEZ

“Si vols destruir el règim monàrquic has de tenir aliances amb tots els pobles de l’estat”

A Catalunya hi ha un sentiment republicà i contrari a Felip VI més gran que a la resta d’Espanya, segons es va veure a l’enquesta sobre la monarquia impulsada per la Plataforma de Mitjans Independents. Com a republicà, no seria millor impulsar la independència de Catalunya?

El Regne d’Espanya està construït sobre una realitat plurinacional. No és que hi hagi Catalunya i Espanya, i res més. Hi ha el País Basc, hi ha Galícia, hi ha Andalusia. La meva idea és que els pobles peninsulars no podran decidir el seu destí mentre hi hagi monarquia. La monarquia és un impediment. Per això, crec que la prioritat hauria de ser la coordinació de les diferents tradicions republicanes, de les perifèries i de Madrid, per criticar el règim monàrquic. Això no vol dir que no hi hagi un mentrestant en el qual es puguin fer coses.

Diuen els independentistes que, si tu vols una república i d’esquerres, la via més directa seria la independència.

Però ja s’ha vist que no hi ha prou forces per fer això. En la pràctica, això no és cert. Si vols destruir un règim monàrquic, militar, judicial i econòmic com l’espanyol, el mínim que necessites és tenir aliances republicanes fortes amb tots els pobles de l’Estat. Honestament, no crec que amb la consigna del “Nosaltres sols” es pugui dur a terme la independència… i això ja es va demostrar a la tardor del 2017. Les forces republicanes catalanes s’haurien d’implicar en la batalla contra la monarquia coordinant les seves iniciatives socials, feministes i ecologistes amb la resta de les forces republicanes de l’Estat.

Foto: IVAN GIMÉNEZ

“El 15-M o el moviment sobiranista no van tenir tanta força ni aliats com pensàvem”

El 15-M, primer, Procés Constituent després, i fins i tot els textos d’aquella època que fèieu gent com Xavier Domènech, Jaume Asens o tu, parlàveu molt que calia iniciar “processos constituents o desconstituents” en plural i alhora a Catalunya i a Espanya. No era un procés independentista, sinó un procés desconstituent, però… això al final Podemos i els Comuns ho van alentir o aturar?

El 15-M o el moviment sobiranista no van tenir tanta força ni tants aliats com nosaltres pensàvem. L’onada no ha estat tan forta. Això, però, no va impedir que es produïssin canvis importants polítics i socials impensables des de la Transició. Va haver-hi un canvi en les agendes i, fins i tot, un canvi de polítiques públiques en favor de les persones més dèbils. El règim, tal com estava abans del 2015, no es podrà mantenir sense canvis.

En clau global, en realitat, tu sovint has parlat que vivim en un “llarg Termidor”. S’ha d’assumir que els valors progressistes, republicans o d’esquerres, com vulguem anomenar-los, viuen una època de retrocés històric des dels anys noranta, la caiguda del bloc soviètic i el final de les revolucions?

Vivim una època de neoliberalisme salvatge. De fet, aquest neoliberalisme va ser una reacció termidoriana i conservadora contra els canvis que el món s’havia plantejat, des del Maig del 68 fins a les revoltes anticolonials africanes o la guerra del Vietnam. Avui el sistema s’ha tornat més violent que mai perquè se sent amenaçat. D’aquí ve l’aparició del trumpisme, de Bolsonaro al Brasil, de la nova extrema dreta europea… i tot això té com a funció evitar que sortim de la crisi amb uns mínims de redistribució de la riquesa i uns mínims de valors socials republicans. Aquesta nova extrema dreta és enormement violenta, però alhora, per mi, és una mostra de feblesa del capitalisme financer globalitzat.

I què creus que cal fer?

El que necessitem ara és recompondre les nostres forces. Tota l’energia republicana i progressista que van despertar aquí tant el 15-M com el moviment sobiranista s’ha de reconstituir. S’han de tornar a reconstruir els moviments municipalistes, el teixit social i els espais d’ajuda per a la gent que està més desesperada amb la crisi, l’habitatge, l’accés a la salut o a l’educació pública…

I en el front institucional, què?

Les institucions tenen una tasca principal a fer: bloquejar les normes regressives i intentar impulsar les alternatives més progressistes possibles que es puguin fer. Però, ho reitero, la tasca més important a fer pel republicanisme és contribuir a l’autoorganització de les majories socials i de les classes populars per poder enfrontar-nos amb forces contra el replegament reaccionari i violent que defensa el model d’economia rendista i capitalista.

Foto: IVAN GIMÉNEZ

“L’independentisme va ser una utopia disponible per a molta gent, però va acabar generant una gran frustració”

Quin futur albires, sent realista però òbviament fent política ficció, al llarg impasse post-1-O i post-DUI que viu Catalunya en clau nacional?

Som en una època de ressaca i de frustració. Però també encara som en una època de criminalització i de judicialització. La mobilització sobiranista a Catalunya, però també el que passa al País Basc i a Galícia o la reacció que hem vist des de l’Espanya buidada, mostren el grau de cabreig amb el procés de recentralització que es fa des de Madrid. Per això, insisteixo que les energies republicanes i anticentralistes s’haurien d’implicar en una batalla contra la recentralització i l’autoritarisme creixent. Això comporta donar suport a iniciatives concretes, com l’impuls dels canvis concrets i de les conquestes socials que no poden esperar ni un minut, sense renunciar a l’objectiu de fons. Per mi, però, aquest objectiu de fons segueix sent, com diu Xosé Manuel Beiras, “un proceso de procesos constituyentes”. Tot és possible: mira l’exemple de Xile i la seva nova Assemblea Constituent, la més plurinacional, paritària i progressista de la història del país.

Catalunya està, com diu Andreu Mayayo, en “decadència” després del Procés o, com deia Josep Ramoneda, encara som en la “utopia disponible”?

L’independentisme va ser una utopia disponible per a molta gent; però, com hi havia plantejaments per part dels independentistes no realistes, ha acabat generant una gran frustració.  A casa meva tinc un cartell penjat d’Amílcar Cabral, líder independentista africà, que diu si fa no fa: “No enganyem la gent, no demaneu victòries fàcils” [Claim no easy victories; vegeu la fotografia de dalt]. I ell ho sabia perquè s’enfrontava a forces polítiques i militars colonialistes tremendament fortes. Ara el republicanisme és una utopia disponible que, tanmateix, no impedeix fer avenços concrets en les coses que es toquen, les coses de menjar, que es poden fer en el curt termini. El que m’agrada del republicanisme és que, en el cas peninsular, pot aconseguir molts aliats, entre forces que no són independentistes, però que són federals o confederals, i que podrien entendre’s en aquesta batalla comuna. Al Congrés, avui dia, hi ha una amalgama de partits que poden coordinar els seus rellotges per empènyer en una direcció: des de Bildu, passant per ERC i la CUP, fins al BNG, amb el grup confederal d’Unidas Podemos, Más País, Compromís i, fins i tot, una part dels diputats del PSOE.

Gerardo Pisarello: “Para la extrema derecha, Felipe VI puede ser una buena cobertura para su proyecto político”

  • El diputado de En Comú Podem y secretario de la Mesa del Congreso publica ‘Dejar de ser súbditos. El fin de la restauración borbónica’, en el que dibuja una crisis de sistema sin cerrar que puede conducir a una salida progresista y republicana, o a una reaccionaria de extrema derecha
El secretario primero del Congreso y diputado de En Comú Podem, Gerardo Pisarello, en la tribuna del Hemiciclo.
Foto de Marta Jara

Aitor Riveiro 16 de julio de 2021  Diario.es

La crisis de la monarquía que llevó a la abdicación de Juan Carlos I en junio de 2014 no solo no se ha cerrado, sino que se ha profundizado con la publicación de los escándalos económicos en los que está supuestamente implicado el exjefe del Estado y que salpican al actual, Felipe VI, quien no logra desembarazarse del legado de su padre. Esta crisis, que no es la primera vez que afecta a los Borbones, puede desembocar en una salida progresista y republicana. Pero también en una reaccionaria.

Así lo expone Gerardo Pisarello (1970, Tucumán, Argentina) en Dejar de ser súbditos. El fin de la restauración borbónica (Akal). El secretario primero del Congreso recibe a elDiario.es en su despacho del Congreso, donde repasa someramente la complicada relación de los Borbones con el pueblo español (“cuando los abusos y los atropellos resultan insoportables, acaban en el exilio”), las diferentes restauraciones de la dinastía, así como la situación actual, en la que la ultraderecha podría recurrir al rey para justificar su programa. O viceversa: “No se puede descartar la hipótesis de una regresión autoritaria si la monarquía se ve amenazada”.

Pisarello, doctor en Derecho y profesor titular de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona, lamenta que la monarquía parlamentaria que propugna la Constitución se escape precisamente del control del Congreso, algo de lo que responsabiliza al PSOE: “Si cambiara de actitud sobre la monarquía, las posibilidades de un camino republicano serían mucho más claras”. Además, analiza los últimos cambios en el Gobierno y los cambios internos en Unidas Podemos tras la salida de Pablo Iglesias.

No es el primero que dice que la monarquía en España puede tener los días contados. ¿Por qué esta vez tendría que ser la definitiva?

No es necesariamente la definitiva, pero estamos asistiendo a una crisis de la monarquía, que la monarquía no puede cerrar. Es una forma de gobierno que está muy desprestigiada en el mundo, donde quedan 40 monarquías. Que alguien sea jefe de Estado por ser simplemente el hijo de alguien es algo que no casa con el principio democrático y con una idea mínimamente moderna de lo que debe ser la política.

Y en el caso de la monarquía borbónica, el tipo de escándalos que han salido a lo largo de estos meses sobre Juan Carlos I comportan la debacle absoluta del juancarlismo, sin ningún tipo de dudas, mientras los sectores monárquicos y la propia Casa Real tienen muchas dificultades para legitimar de la figura de Felipe VI. A veces tengo la impresión de que hay sectores conservadores que dan por amortizado a Felipe VI y que buscan ya legitimar a Leonor como posible reina. Todo eso me parece que es un signo de debilidad.

Tampoco es la primera vez que la dinastía se sobrepone a situaciones de dificultad. Desde Felipe V han perdido el trono o la legitimidad del pueblo varias veces. Y ha conseguido sobreponerse. ¿Qué diferencia hay esta vez? 

En el prólogo del libro Javier Pérez Royo habla de una “restauración permanente”. Los Borbones siempre vuelven y ya estaríamos en la cuarta restauración. Pero se puede ver desde otro punto de vista, que tiene que restaurarse la dinastía borbónica porque los Borbones caen. Cuando los abusos y los atropellos resultan insoportables, los Borbones acaban en el exilio. Así pasó con Cristina de Borbón, con Isabel II, con Alfonso XIII, el abuelo del rey emérito, también acabó exiliado. Y en un cierto sentido, Juan Carlos I está en un exilio forzoso. De lujo, en una monarquía absolutista, pero un exilio forzado. 

En el libro intento seguir la idea de Benito Pérez Galdós. Puede pasar que durante siglos no se destrone y en España, un día, se destrona. Y el pueblo que durante siglos se acostó con reyes, un día se despierta en la cama del pueblo. Yo no digo que sea inminente, pero en un contexto de pandemia con una crisis muy importante, donde se ve a la monarquía vinculada a casos de evasión fiscal, de blanqueo de capitales, en un momento donde hay muchas dificultades económicas, hace que para una parte importante de la ciudadanía la monarquía sea parte del problema.

Señala que hay cuatro escenarios posibles de salida de esta crisis del sistema. Uno de ellos pasa, como ya ocurrió también en el siglo pasado, por un giro reaccionario. Y en vez de transitar hacia una república que pudiera dotar de mayores mecanismos democráticos a la sociedad, se fuera hacia todo lo contrario. ¿Ese riesgo es real en la España del siglo XXI?

Uno querría pensar que Europa es un antídoto, pero vemos lo que pasa en Polonia, en Hungría, o en España, con la normalización de una extrema derecha que tiene aliados golpistas en el mundo, en América Latina; una extrema derecha abiertamente trumpista

Que esa extrema derecha, junto con la derecha extrema, puedan estar en el Gobierno no es una hipótesis fantasiosa. Y para esa extrema derecha la monarquía es una pieza importante. Por eso los intentos de apropiarse de la figura de Felipe VI, porque creen que puede ser una buena cobertura para su proyecto político.

Y Felipe VI no hace demasiado por despegarse de esos sectores, de los sectores más reaccionarios del Poder Judicial o cuando se manifiestan exmilitares. No hay reacción por parte por parte de la Casa Real. Y Felipe VI comparte el pecado de su padre, que es no haber condenado nunca la dictadura franquista. Cómo puede ser rey de una monarquía parlamentaria alguien que nunca critica a una de las dictaduras más sangrientas que existió en Europa, como la franquista.

La hipótesis de una regresión autoritaria si la monarquía se ve amenazada no se puede descartar. Alfonso XIII se asustó cuando diputados socialistas como Indalecio Prieto pedían que hubiera una comisión de investigación por sus casos de corrupción con Marruecos. Y recurrió a Primo de Rivera. Está por verse si Felipe VI, por su propias inclinaciones ideológicas, se vería o no tentado a dar cobertura a una opción de derecha extrema.

Esa poción reaccionaria aparece como viable por la presencia de la ultraderecha en el Congreso. Pero cuando abdicó Juan Carlos I había un sentimiento casi opuesto. Había un sentimiento antimonárquico y además un empuje progresista. Sin embargo, su espacio político decidió no entrar en ese debate. ¿Se perdió una oportunidad de haber recogido ese sentimiento antimonárquico y haberlo convertido en una ola republicana?

En el ámbito municipal se dio de manera muy espontánea. Si uno se fija en las políticas que se llevaron adelante en Barcelona, Cádiz, Valencia, A Coruña o Pamplona, hubo un florecimiento de iniciativas republicanas y de iniciativas incluso anti borbónicas desde el punto de vista simbólico y memorial. Pero en el ámbito estatal sí hubo conciencia de que para que el republicanismo pudiera crecer tenía que ser del siglo XXI, que no simplemente podía apelar a la memoria sesgada de la I o la II República. Había que construir un republicanismo de mayorías, no solo el de las izquierdas clásicas. 

Y ahora el hecho inédito de que la propia Casa Real reconozca que Juan Carlos I estaría involucrado en delitos graves de evasión fiscal y de blanqueo de capitales, abre una nueva oportunidad en un contexto muy diferente, donde la extrema derecha ha crecido, donde hay un giro reaccionario en muchos sitios del mundo. Y por eso yo veo las dos oportunidades. Una situación de degradación autoritaria, pero también podría profundizarse la crítica a la monarquía, cada vez más cuestionada por sectores de la juventud, por las mujeres y sobre todo en determinados lugares del Estado.

Catalunya, en concreto, ha tenido siempre una relación muy compleja con los Borbones, desde Felipe V, que eliminó determinadas leyes propias, hasta hoy. No hay grises, amor o rechazo absoluto. Esto se ha acentuado con el procés, el discurso del 3 de octubre de 2017 es un momento muy concreto. ¿Tiene marcha atrás el aumento del rechazo a la monarquía borbónica en Catalunya?

Lo veo muy difícil. El 3 de octubre de 2017 Felipe VI actúa de manera bastante parecida a Felipe V. Se erige como el rey soldado, y en lugar de actuar como como árbitro actúa como un rey de parte. Pero el tema de fondo es que la dinastía borbónica no es capaz de ofrecer una solución a los grandes dilemas que se plantean en España. No puede ofrecer una alternativa a la cuestión de la corrupción. O a la cuestión social. Nadie ve que la monarquía vaya a servir para reforzar la sanidad pública, para reforzar la vivienda pública, etcétera. Y tampoco ofrece una solución a la cuestión territorial. Se ha mostrado como incapaz de favorecer el reconocimiento de la realidad plurinacional.

Con monarquía se podrían producir algunos avances o revertir medidas perjudiciales para la convivencia que se adoptaron en los últimos tiempo. Por ejemplo los indultos, que son un paso en ese sentido. Pero tengo muchas dudas de que la cuestión de fondo de la articulación plurinacional pueda resolverse mientras haya monarquía.

Establece en el libro una dicotomía entre monarquía y democracia. Más allá de España, ¿las monarquías que existen en Europa no democracias? 

Hay una tensión muy clara entre entre el principio democrático y las monarquías hereditarias. Porque hubo monarquías selectivas, reyes que fueron elegidos en un referéndum. El problema es que alguien pretenda ser jefe de Estado por ser hijo de alguien. 

Eso no quiere decir que haya monarquías que sean más genuinamente parlamentarias que otras, que están sometidas a controles parlamentarios y constitucionales, como la monarquía sueca o la noruega, como consecuencia de revoluciones políticas que hubo en eso en esos países. 

¿Qué hemos descubierto nosotros? Que mientras los Borbones reinaron nunca hubo una monarquía parlamentaria. Ni siquiera ahora que tenemos una Constitución que dice que la forma política del Estado es una monarquía parlamentaria. ¿Por qué? Porque la dinastía borbónica ha demostrado ser muy maleducada en términos constitucionales, muy reacia a que se le impongan límites básicos, a actuar con transparencia, a renunciar a determinados privilegios, como ocurre en otras monarquías parlamentarias. Y yo creo que ese es el problema de fondo que tenemos. Nosotros, siendo una fuerza republicana, nos dimos cuenta en el Congreso de que el funcionamiento de la monarquía con Juan Carlos I, e incluso ahora, no responde a lo que debería ser una monarquía parlamentaria.

Recordaba antes que Indalecio Prieto en su momento reclamó una investigación parlamentaria de las corruptelas, los negocios privados, de Alfonso XIII. El PSOE de hoy rechaza esa esa posibilidad y sin el PSOE, siempre se estrellan en un muro el resto de grupos que exigen esa investigación parlamentaria. ¿Qué tiene que pasar para que el PSOE cambie de su posición? Porque si cambiara su posición, cambiaría completamente el escenario.

Si el PSOE cambiara de actitud respecto de la cuestión monárquica las posibilidades de un camino republicano serían mucho más claras. Mi impresión es que hay una parte del PSOE que piensa que no cuestionar a la monarquía puede servir de escudo para frenar los movimientos destituyente de la derecha. Lo que ocurre es que el precio es muy alto. Si para que la monarquía permita que haya gobiernos que no sean claramente de derechas lo que hay que hacer es consentir la impunidad, consentir la opacidad, se acaban degradando las propias posiciones.

Y es algo que entre sus bases no es fácilmente comprensible. Ahí hay un problema que el PSOE tiene que resolver, y yo estoy convencido de que si continúan saliendo casos de corrupción como están saliendo ahora, que ya no solamente afectan a Juan Carlos I, sino que incluso podrían proyectarse sobre el rey actual, va a ser muy difícil que el PSOE pueda pueda oponerse al menos a que se investigue.

En marzo de 2020, un día después de que el Gobierno decretara el estado de alarma, la Casa del Rey lanzó un comunicado en el que asumía que había cuestiones cuando menos no del todo regulares en las finanzas de Juan Carlos I, y que el actual jefe del Estado formaba parte de la estructura societaria de esas supuestas irregularidades del rey emérito. Usted sostiene Felipe VI establece un parteaguas, intenta separarse de su padre. ¿Puede escaparse el jefe del Estado actual de lo que supuestamente hizo su padre?

Es muy difícil porque es un movimiento enormemente opaco. Se aprovecha una pandemia en la que la ciudadanía estaba confinada para activar esa especie de bomba. La propia Casa Real confiesa lo que no ha confesado ninguna casa real europea, que el rey emérito podría estar implicado en el caso grave de corrupción y que el propio rey, su hijo, conocía desde hace un año, al menos, la existencia de estas fundaciones y de estas cuentas que no habían sido o que no habían sido declaradas.

Hoy sabemos, por ejemplo, que una de las transferencias de los 100 millones de dólares que se hicieron por parte de Arabia Saudí a unas cuentas que estarían vinculadas al rey emérito se produjeron en 2008. En 2008, Felipe VI no era un niño pequeño correteando por los pasillos de la Zarzuela. Era una persona formada, que sabía que iba a ser rey. Vuelve a plantearse lo que se planteó en relación con la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, cuando ella firma y luego dice que no sabía. Hoy se está intentando reproducir esa operación para establecer un parteaguas entre Juan Carlos y Felipe. 

¿Era ajeno a lo que venía ocurriendo? Las dificultades de la Casa Real para responder afirmativamente hace que aparezca con tanta insistencia Leonor como una figura cuya irrupción en la vida política habría que acelerar. Es prueba de que no se puede cerrar en falso ese vínculo entre Felipe VI y su padre.

¿Cree entonces que Leonor podría ser reina antes de lo que biológicamente pudiera pudiéramos esperar?

Cuando se aceleró la decadencia del régimen de Cristina de Borbón como reina regente, se intentó hacer eso con Isabel II. Pero no funcionó. Los sectores digamos monárquicos están desconcertados. Después de muchos años de autocensura en los medios, después de muchos años de presiones para que no se hablara sobre sobre Juan Carlos I, sobre su fortuna, sobre sus actuaciones privadas que no tenían que ver con sus funciones constitucionales, de pronto la investigación en Suiza y las publicaciones del Daily Telegraph hace que se levante esa veda y que haya una mayor crítica pública.

Pero el objetivo de eso es mantener a salvo a Felipe VI. Su imagen pública es mejor que la de su padre, pero no es fácil que eso se pueda cerrar. Es muy difícil pensar que no existían esos vínculos, que no existía ese conocimiento. Uno de los grandes problemas es ese. No es que estemos discutiendo de monarquía ahora porque a las personas republicanas se nos haya ocurrido. Es la propia monarquía la que genera este debate con sus actuaciones. Puede pasar lo que pasó en en otros momentos en la historia de España, que la propia dinastía borbónica propicie la erosión y la crítica de la institución monárquica.

Hablaba de la investigación en Suiza, que es la que está ahora mismo más avanzada. ¿Cree que Juan Carlos de Borbón puede acabar juzgado en Suiza, por ejemplo, o incluso en España?

En Suiza es donde tengo más esperanza de que pueda ocurrir algo. Que el fiscal [Yves] Bertossa, que es muy valiente, no se detenga en la línea de investigación que tiene abierta.

En el caso de España soy mucho más escéptico. En el Parlamento no hay voluntad de hacer lo que sería normal en una monarquía parlamentaria, que el rey emérito se siente en una comisión a explicar lo que sabe, a que nos aclare todas las noticias que están apareciendo sobre él. Pero es que tampoco veo esa voluntad clara en el ámbito judicial. Por eso creo que el aforamiento en el Tribunal Supremo de Juan Carlos I era tan importante y se hizo con tanta prisa, porque es muy probable que en el Supremo no haya tampoco la voluntad para juzgar al rey emérito. Y tampoco he visto siquiera esa voluntad en algunas de las actuaciones de Hacienda, donde hubo técnicos que dijeron que cuando se sospecha que una persona puede haber cometido evasión fiscal por encima de unas cantidades tiene que haber una actuación proactiva por parte de Hacienda. Eso tampoco ocurrió. 

Hay sectores para los cuales el mejor de los escenarios sería que Juan Carlos I acabe sus días en el exilio, y que de esa manera se cierre esa carpeta y se pueda comenzar una etapa nueva. Ni siquiera la monarquía tiene asegurado ese final, pero es verdad que cuenta con aliados económicos, judiciales y mediáticos muy fuertes.https://www.dailymotion.com/embed/video/k13Er8pxhW5dW8x2Zac?ads_params=partners&api=postMessage&apimode=json&autoplay=false&embed_index=3&id=f15d317db1fb7e4&mute=true&origin=https%3A%2F%2Fwww.eldiario.es&pubtool=cpe&queue-autoplay-next=true&queue-enable=true&ui-highlight=false

Algunas preguntas sobre el momento político justo cuando llega el final del curso político. ¿Cómo han recibido en En Comú Podem la crisis de Gobierno?

Hay algo de reacción del PSOE frente a los cambios que se estaban produciendo en el propio espacio confederal. El hecho de que se produzca una reorganización que apunta a un liderazgo de mujeres, con el papel de Yolanda Díaz, de Ada Colau o de Ione Belarra, una propuesta con un contenido feminista muy claro, también hace que el propio PSOE tenga que mover ficha.

¿Es una reacción entonces?

Creo que hay algo de eso. El PSOE reacciona con inteligencia, reforzando el papel de las mujeres dentro del Gobierno, mujeres con experiencia municipal. Yo espero que en algunos ámbitos concretos sirva también para avanzar en algunos temas que son fundamentales y que todavía tenemos bloqueados.

¿Los cambios permitirán avanzar en el cumplimiento de algunas partes del acuerdo de gobierno que están bloqueadas? La ley de vivienda es un ejemplo, que además en Catalunya tiene una importancia mayor. ¿Está más cerca de lo que estaba con Ábalos al frente de Transportes?

No lo sabemos todavía. Es una incógnita, sin que eso suponga un juicio sobre ministros anteriores, por el que además tengo un respeto personal. Tener en un ministerio encargado de los temas de vivienda una alcaldesa que en su propio ayuntamiento tuvo que exigir que se pusiera coto a los incrementos de los precios del alquiler da indicios de que va a haber una cierta sensibilidad para tratar esta cuestión y una actitud más clara de lo que significa convertir la vivienda en un lujo accesible solamente para unas pocas personas o en un bien sometido a la especulación.

En el ámbito de justicia, donde estamos viendo que la derecha más dura se está atrincheran en determinados sectores del Poder Judicial e incluso dentro del propio Tribunal Constitucional, que haya una ministra como Pilar Llop puede permitir o esperamos que permita que algunos temas que tenemos encallados sobre la reforma del CGPJ, del delito de sedición para contribuir a una cierta normalización de la situación en Catalunya; la ley mordaza, etcétera, también pueden experimentar un avance. Y como portavoz en la Comisión de Asuntos Exteriores creo que el nuevo ministro, con experiencia diplomática, también puede ser interesante a la hora de pensar en una nueva fase de la geopolítica mundial donde ya no existe la tutela directa de Trump y sobre cómo España puede llevar adelante una política exterior que realmente sea autónoma.

Sólo ha habido cambios en el sector del PSOE. ¿Podría haber aprovechado Unidas Podemos para afrontar algún relevo?

Veníamos de un cambio muy reciente con Yolanda Díaz como la ministra más valorada según las encuestas y con un papel muy importante en lo que fue uno de los temas claves de la pandemia, que era cómo proteger a la población trabajadora en un momento en que la actividad económica estaba suspendida. El caso español debe mucho al papel de Yolanda Díaz y su equipo, y su papel actual dentro del Gobierno ya es una novedad. O el hecho de que Ione Belarra, que ya venía teniendo un papel importante en la negociación de la Ley de Vivienda para conseguir que esté a la altura de los retos del siglo XX, pase a ser también ministra, ya implica un cambio importante.

Igual las demás ministras y ministros de Unidad Podemos. No tendríamos ley trans si no fuera por la persistencia y el empeño de Irene Montero. Con Manuel Castells experimentó un crecimiento exponencial del número de becas no universitarias para personas en dificultades sociales y se consiguió que bajaran las tasas en la Universidad. Alberto Garzón ha protagonizado un debate importante sobre el nuevo tipo de consumo sostenible que debería tener un país que se plantee de manera seria la transición ecológica y la transición energética. El espacio confederal, sin perjuicio de los cambios que siempre pueden producirse, está liderando algunos de los grandes proyectos para salir de esta crisis con un programa que realmente sea transformador y que no nos devuelva a una nueva vieja normalidad.

El gran debate que hay dentro de Unidas Podemos desde la salida de Pablo Iglesias, que además se ha demostrado que ha sido una salida real, es dibujar o determinar hacia dónde debe ir Unidas Podemos. ¿Cuál cree que debe ser de aquí a 2023, cuando afrontaremos un montón de procesos electorales en un espacio muy corto de tiempo?

Cuando uno no tiene detrás a los grandes poderes económicos, a los grandes medios de comunicación, lo único que tienes la organización. Ahora se abre un reto organizativo enorme que tiene que consistir en poder dar cobijo a la gente que ya formaba parte de ese espacio del cambio, pero también en abrirse a otros sectores de la sociedad. Y para que eso sea posible hay que hacer una cosa que nos planteábamos al comienzo, que no es simplemente crear partidos. 

Hay que crear instrumentos políticos que tengan liderazgos plurales, que tengan diversidad. Que ni siquiera sean partidos, que sean como semipartidos, instrumentos que faciliten la autoorganización democrática de la gente. El poeta y pensador ecologista Jorge Riechmann decía que esa especie de semipartido de nuevo tipo tenía que parecerse a un arrecife de coral, que fuera capaz de cobijar mucha diversidad y mucha vida debajo de sí. Eso tenemos que poder ser capaces de hacerlo como parte de lo que ya es nuestro espacio confederal, pero con relaciones muy abiertas con el resto de fuerzas progresistas y plurinacionales que hoy son las que están manteniendo las principales políticas transformadoras que están impulsando este Gobierno.

Pero una cosa es una relación política y otra una orgánica. Habrá fuerzas con las que se pueda tener una relación política muy fluida. Pero eso es, digamos, un apoyo político. A nivel orgánico, ¿hay posibilidad de dar cobijo a más gente, a más proyectos?

El 2023 va a tener un cariz muy municipalista. Hay experiencias territoriales muy distintas, y nosotros lo hemos experimentado, que han dado combinación a fórmulas muy diferentes. Hay que tener un instrumento organizativo que sea lo suficiente abierto como para, de manera política o de manera orgánica, poder tener contacto y poder tener una relación cercana con todas esas fuerzas políticas que comparten programas similares. 

Lo que no tiene sentido es que ahora simplemente nos planteamos una especie de repliegue identitario que no tuviera la audacia que tuvimos en 2014 y en 2015, y de intentar reconectar con mucha gente, incluso con generaciones jóvenes que están esperando que demos una salida a la altura de los retos que tenemos. 

La extrema derecha que tenemos encima no es la que existía cuando aparecieron Podemos, los comunes, etcétera. Hoy tenemos que dar otra respuesta, y creo que tiene que parecerse más al arrecife de coral del que el que hablaba, del que hablaba Riechmann, que sepa cobijar muchas cosas y que esté pensado para reconectar con la sociedad. El hecho de que ahora tengamos mujeres con clara capacidad de liderazgo y de empatía me parece que es un elemento fundamental para conseguir eso. 

Pero el objetivo principal no debe ser cuántos escaños consigues, sino en qué medida contribuyes a que la gente común pueda auto organizarse para poder cambiar las cosas en los centros de trabajo, en sus escuelas o en sus barrios. Porque la clave de la profundización democrática y de la batalla contra la extrema derecha está ahí.

Pisarello contra la monarquia per Jaume Bosch

PSOE, PP, VOX i Cs impedeixen sistemàticament qualsevol intent del Congrés de Diputats d’investigar la Casa Reial. El diputat Gerardo Pisarello ha trobat una forma intel·ligent de lluitar contra aquesta limitació a la qual es veu sotmès el poder legislatiu: escriure un llibre analitzant la tensió històrica que ha marcat la relació de la monarquia espanyola amb la democràcia. Una tensió que continua existint avui.

Per Jaume Bosch. El Temps.

Jaume Bosch i Gerardo Pisarello durant la presentació del llibre a Barcelona

Alguna cosa s’ha mogut a l’Estat espanyol perquè el secretari primer de la Mesa del Congrés de Diputats publiqui un llibre titulat Dejar de ser súbditos: El fin de la restauración borbònica (Akal, 2021). L’autor, el diputat d’En Comú Podem, Gerardo Pisarello, és doctor en Dret i professor de Dret Constitucional de la Universitat de Barcelona i es nota: pel rigor i per la visió jurídica que desprèn l’obra que ell defineix com un assaig històric.

Pisarello va néixer a Tucumán (Argentina), i explica que és net de republicans andalusos exiliats, fill d’una mestra rural i d’un advocat assassinat per la dictadura militar. I afegeix que, ara a Barcelona, ciutat de la qual va ser tinent d’alcalde, és pare de dos joves republicans catalans.

Les visions crítiques amb la monarquia estan d’actualitat: mai des de 1978, aquesta institució havia estat tan qüestionada per un sector de la societat, tot i que, excepte canvis de guió inesperats, la reivindicació de la república pot semblar una utopia. Però deia el sociòleg cristià i comunista Joan García-Nieto que “la utopia necessària és allò que encara no existeix però que demà sí que serà possible de realitzar”. Si més no, la monarquia està essent objecte d’escrutini des d’alguns mitjans de comunicació, ja que l’aliança entre el PSOE i la dreta ho impedeix a les Corts. Ja existia també una certa tradició d’obres que analitzen el paper de la Corona, però els darrers mesos n’estan apareixent de noves: L’armadura del rei, d’Albert Calatrava, Elder Hurtado i Ana Pardo de Vera (Ara Llibres, 2021) o El rey al desnudo del periodista Ernesto Ekaizer (B Ediciones, 2021) en són dos exemples. Com explica el llibre de Pisarello, els Borbons són especialistes a posar en crisi la monarquia, i la seva actuació els darrers anys és el factor decisiu, més que la tasca de convenciment dels republicans, que explica que hagin augmentat les opinions contràries a Joan Carles I i Felip VI.

Gerardo Pisarello va més enllà de la crítica al paper del monarca emèrit i de l’actual cap de l’Estat. Se submergeix fins a les arrels mateixes del debat entre monarquia i república. I ho fa, en paraules del catedràtic de Dret Constitucional de la Universitat de Sevilla, Javier Pérez Royo, que ha escrit el pròleg, amb “un assaig provocador en el millor sentit del concepte”, fent “una important contribució a un debat inexorable”. La periodista Olga Rodríguez rebla el clau en l’epíleg, afirmant que és un llibre “imprescindible que ens ofereix història i context per entendre què representa la monarquia a Espanya” i la seva relació amb sectors reaccionaris del poder judicial, de l’Exèrcit o de determinats mitjans de comunicació.

Ara, especialment a Catalunya, ha crescut un sentiment contra la monarquia simplement perquè és espanyola, però aquest no deixa de ser un feble argument. Les sospites de corrupció del rei emèrit han incrementat el percentatge de la ciutadania que exigeix un referèndum que permeti al poble decidir entre monarquia i república. Benvingudes siguin les investigacions periodístiques (i tant de bo, judicials) destinades a posar llum en un assumpte tan tèrbol. Però Pisarello va més enllà: vol proporcionar als sectors antimonàrquics, sentimentals, reactius o reflexius material de primer ordre per justificar allò que cada vegada més gent té clar: que una república aporta, tot i que cap sistema polític és perfecte, un valor democràtic infinitament superior al d’un règim hereditari que té la voluntat de perpetuar-se políticament i d’assegurar-se recursos econòmics per gaudir sumptuosament del present i preveure un futur incert.

Un reino por encima del rey. Reseña de ‘Dejar de ser súbditos’, de Gerardo Pisarello

Xavier Calafat y Xavier Granell para Sin Permiso

El libro de Gerardo Pisarello es una magnífica introducción a los dilemas de la democratización social en España. En todos los grandes retos de nuestra historia moderna y contemporánea, siempre han chocado dos principios: el principio monárquico y el principio democrático, o lo que es lo mismo, el poder -tal y como se ha constituido en España- y la libertad. Esto se puede observar atendiendo a la redacción de los textos constitucionales y al lugar que ocupaba la soberanía nacional y la soberanía regia.

Los textos más conservadores hicieron derivar el poder del monarca de un principio divino, configurando una tradición conservadora -encarnada entre otros en Donoso Cortés y las constituciones de 1845 y 1876-, que concebía la monarquía por encima del pueblo soberano. Es más, para Donoso, marqués de Valdegamas, la fuente de legitimidad de todas las cosas era la voluntad de la corona y las cortes, descartando toda posibilidad de fundar un orden social en la legitimidad democrática. El pueblo, para los liberales doctrinarios y los conservadores, no fue más que populacho sin razón, sujeto pasivo que vivía en una eterna minoría de edad. 

Aquellos textos constitucionales que se inclinaron más hacia el progresismo, como la Pepa o la Constitución de 1869 fruto de la Revolución Gloriosa, procedían de manera contraria. El poder constituyente del pueblo daba fruto a unas Cortes Generales, y éstas, posteriormente, decidían el papel que jugaría la monarquía. Así, el pueblo se situaba por encima del monarca buscando su control y sometimiento a la ley. 

Al contrario que otras monarquías como las de los países nórdicos o la inglesa, en España la dinastía borbónica ha demostrado una tendencia innata a resistirse a su “parlamentarización”. Los sectores progresistas cercanos a los postulados democráticos y, evidentemente, los republicanos, tendieron a desconfiar permanentemente de una corona que huía de los mecanismos de control popular y escapaba de las limitaciones institucionales que pudieran cercar su poder arbitrario. Quien fuera el primer presidente de la Primera República, Estanislau Figueras, afirmaría en 1855 que, en las monarquías parlamentarias, las constituciones no son más que pactos de desconfianza del pueblo para con la corona, y la ciudadanía armada -en su caso, la Milicia Nacional- “una bayoneta puesta al pecho del Monarca para que observe la Constitución”. 

Si en Gran Bretaña permanecía el principio de que el “rey no puede actuar mal (the King can do no wrong) porque no “puede actuar solo” (the King cannot act alone), en España los reyes han demostrado un abuso constante de su inviolabilidad, utilizándola para amasar gran fortuna a costa de los ciudadanos -como bien ha descrito, para el caso del emérito, Rebeca Quintans en su libro Juan Carlos I. La biografía sin silencios (Akal, 2016), aun a costa de la censura-.

Por esta tendencia y sus vínculos con las élites históricas del país, ya sean feudales, absolutistas o empresariales, la monarquía siempre ha sido una monarquía de parte: la clave de bóveda de todo un sistema de privilegios. Como dijo Azaña de Alfonso XIII, éste nunca dudó en tomar partido: “¿Es que no sabemos todos que un día don Alfonso pudo decir “sí” y no lo dijo, y que otro pudo decir “no” y tampoco lo dijo?”.

Esto nos recuerda al propio papel que ha jugado Felipe VI durante el conflicto catalán. El rey actual también tomó partido por un determinado status quo. Esta es la propia opinión del reputado exmagistrado del Tribunal Constitucional, Joaquín Urías, a quien Gerardo cita en su libro para explicar el papel que asumió el rey los días posteriores al referéndum del 1 de Octubre. A decir de Gerardo, “el monarca se asumía como rey-soldado, como ‘guardián coronado de la Constitución’ y se arrogaba un poder de reserva que el marco legal no le reconocía” (p. 237).

El libro de Gerardo nos invita a dejar de ser “súbditos”. Recogiendo toda una larga tradición republicana que, ante los abusos y arbitrariedades del rey, siempre presentó una alternativa: ante la centralización política, proponía la federación, y ante la patrimonialización de las instituciones, proponía la democratización del Estado.

Ante un modelo de Estado que nunca permitió la expresión de la diversidad regional y nacional de España, el republicanismo puso siempre por delante la fraternidad de todos los pueblos de la Península, e incluso despertó las simpatías de los pueblos latinoamericanos, llegando a pensar en una confederación con los mismos. Pisarello destaca figuras como la de Dionisio Inca Yupanqui, diputado de ultramar en las Cortes de Cádiz, quien advirtió a los demás diputados de la injusticia con la que la metrópolis trataba a las colonias, abriendo la puerta a la independencia de las mismas:

La mayor parte de los diputados y de la Nación apenas tienen noticia de este dilatado continente [americano]. Los Gobiernos anteriores la han considerado poco, y solo han procurado asegurar remesas de precioso metal, origen de tanta inhumanidad, del que no han sabido aprovecharse […]. Un pueblo que oprime a otros no puede ser libre […]. Napoleón, tirano de Europa, su esclava, apetece marcar con este sello a la generosa España. Pero esta, que lo resiste valerosamente, no advierte […] que se le castiga con la misma pena que por el espacio de tres siglos hace sufrir a sus inocentes hermanos. Como Inca, Indio y Americano, ofrezco a la consideración de vuestra majestad un cuadro sumamente instructivo. Dígnese hacer de él una comparada aplicación, y sacará consecuencias muy sabias e importantes.[1]

Aquí late toda la tradición republicana democrática española: desde la primera Escuela de Salamanca y la recuperación del aristotelismo clásico, pasando por Juan de Mariana y la defensa del regicidio hasta Bartolomé de Las Casas y su indignación ante “la destrucción de las indias”. Como bien nos recordaba Miguel Martínez, todo esto no hizo sino configurar una veta republicana[2], bien visible ya en 1520-1521 con la revolución comunera.

En las luchas que recoge Gerardo en su libro, la democracia siempre encontró en los municipios un espacio privilegiado para defender las libertades ciudadanas. Sobresalen mujeres como Natividad Yarza Planas, vallisoletana, hija de zapateros y la primera mujer de España y Cataluña en acceder al cargo de alcaldesa por sufragio universal.

Así, algunos municipios pudieron convertirse ya antes de la llegada de la II República en auténticos espacios de libertad, como la Figueres republicana de Abdó Terrades a inicios de la década de 1840, o la València blasquista de principios del siglo XX. Frente a un poder estatal despótico que concebía la soberanía y la administración desde el centro hacia la periferia, los municipios trataron de ofrecer una imagen de cómo podría ser una sociedad distinta. De esta forma, el municipalismo ha sido (y es) fundamental en todos los procesos democratizadores, “ya fuera en 1873 con la I República, en 1931 con la II República o en 1979 tras la ebullición movilizadora del antifranquismo” (p. 235).

Después de la crisis económica del 2008, el drama de los desahucios, los recortes y la pérdida de derechos, la ciudadanía respondió en las plazas de todo el país. El 15-M fue un nuevo anhelo democratizador que, ante la ruptura del pacto social por parte de las élites, reivindicó los derechos robados al tiempo que ayudaba a imaginar un país distinto -cuando se desalojó Plaça Catalunya, en la Puerta del Sol se decía: “si Barcelona no tiene miedo, Madrid no té por”-. El municipalismo volvió a resurgir otra vez como parte de esos momentos constituyentes con las primeras confluencias que, recogiendo esos anhelos, llegaron a los principales ayuntamientos del país, como Barcelona, Madrid, Zaragoza, Cádiz, València o Santiago. Lo que se vivió fue una especie de reedición del viejo combate entre la tentación centralizadora del partido monárquico y aquella federal y/o descentralizadora encarnada por los diferentes rostros del partido del pueblo: las políticas del Partido Popular de Rajoy y la tristemente famosa “Ley Montoro” fueron dirigidas precisamente a sesgar la autonomía financiera municipal y asegurar el control político de estos municipios republicanos.

Actualmente nos encontramos en un momento muy difícil, como es el que nos deja la pandemia. Asistimos a un cruce de, por una parte, la quiebra del modo de proceder neoliberal por lo que respecta al poder económico y político y el sistema de valores que lo dotaba de legitimidad (el sociólogo César Rendueles utiliza la acertada metáfora de “zombie político” para referirse al estado actual del neoliberalismo), y, por otra, la ofensiva cultural de la derecha reorganizada que pretende dar una salida regresiva a los anhelos legítimos de querer dejar de vivir en pandemia (quien introdujo, desde sectores progresistas, el marco de “nueva normalidad” parece que no calculó bien los ecos que podía tener). 

Ante esta coyuntura, dentro de la cual se enmarcan los escándalos de corrupción y la huida de Juan Carlos I, Gerardo sitúa como horizonte “un nuevo Pacto de San Sebastián, similar al de 1930”, que nos lleve a un “proceso de procesos constituyentes capaz de profundizar la democracia en sus diferentes ámbitos” (p. 258). Para que esto se haga realidad, es necesario un paso previo: caminar hacia una federación de izquierdas ibéricas -no necesariamente orgánica-, como reconocen ya diversos dirigentes y muchos líderes de opinión. Esto debería pasar por el reconocimiento de espacios políticos asentados en territorios con algún grado de complejidad nacional, al tiempo que se tejen alianzas perdurables con los mismos y se abandona la lógica de competición por la de colaboración.

Para caminar hacia ese objetivo, el libro de Gerardo es un fantástico compañero de viaje. Cargado de memoria y rigor histórico, nos brinda algunas pistas sobre una de las disputas centrales de nuestro tiempo: la libertad. Y es que, solo dejando de ser súbditos, podemos ser realmente libres.

Notas:

[1] Citado en Pisarello, G. (2020). “12 de octubre. Por un republicanismo anticolonialista”, Públicohttps://blogs.publico.es/otrasmiradas/38814/12-de-octubre-por-un-republicanismo-anticolonialista/

[2] Véase la entrevista realizada al autor en Agon. Qüestions Polítiques: https://www.agoncuestionespoliticas.com/entrevista-miguelmartinez

‘Dejar de ser súbditos’, de Gerardo Pisarello: vivan los libros. Por Eloisa Piñeiro

Gerardo Pisarello nos regala un libro. Un libro sobre el pasado que apunta al futuro y que, a la vez, tiene mucho de performativo, buscando transformar nuestra realidad presente. Pisarello es un artesano de la narración del republicanismo democrático, escoge el material para moldear el deseo de una república emancipadora, anticolonial y feminista.

Eloísa Piñeiro Orge Profesora de Ciencia Política Publicado en :Soberanies 21/06/2021

Hamlet: Tal vez un hombre puede pescar con el gusano que ha comido a un rey y comerse después el pez que alimentó aquel gusano.

Claudio: ¿Y qué quieres decir con eso?

Hamlet: Nada más que manifestar cómo un rey puede pasar progresivamente a las tripas de un mendigo.

Esta historia de reyes y reinas no es una historia de la monarquía, sino de aquellos que empujan la democracia más allá de las bóvedas sobre las que se asienta su orden.

Esta historia se cuenta y se escribe poco tal y como lo hace hoy Pisarello, a la manera republicana, sin dejar a nadie atrás.

Esta historia se escribe cuando se necesita, o cuando se atisba la pertinencia de contarla otra vez. Solé Tura y Eliseo Aja advirtieron en las páginas de Constituciones y periodos constituyentes en España (1808-1936) repasando, como lo hace también Pisarello constitución tras constitución, reinado tras reinado, que el 78 ofrecía una oportunidad única para superar los escollos que mantenían a una sociedad europea encerrada en el Antiguo Régimen en pleno siglo XX. Estos dos constitucionalistas, igual que Pisarello, escribieron su ensayo en un momento necesitado de impulso constituyente, de remoción de placas tectónicas políticas. ¿A qué nos impulsa hoy este libro? Pregunta retórica, ya que el autor lo deja claro desde el principio, antes de hacer repaso histórico de repúblicas que se abrieron camino a base de reyes caídos: “la limitación del poder monárquico como la de cualquier otro poder concertado nunca fue una concesión espontánea y generosa”, pero la historia indica que un rey déspota, imprudente o mentecato, despojado de legitimidad divina, puede acabar por acción u omisión y antes de tiempo, en las tripas de un mendigo.

La cultura de la legislación que diría Linda Colley, con sus tecnologías propias, como las Constituciones, esa modernidad que surge cuando la alfabetización creciente permite la circulación de las ideas escritas y de la política comparada a través de la sistematización de los gobiernos en las cartas magnas, supuso en España la sistematización del orden conservador oligárquico cuando el poder de la palabra escrita cambió los espadones por el turnismo, y a su vez, esa circulación de ideas permitió la organización de una pertinaz resistencia republicana democrática que tal y como nos explica Pisarello en su recorrido histórico, ha llegado hasta nuestros días. En España, dice, “la Carta Magna y la Monarquía parecen indisociables”, -así como lo son también la monarquía y el nacionalismo español-. Por eso, repetimos, a cada generación su constitución.

Este libro llega en un momento inmejorable, al final de una dura pandemia que nos obligó a retirarnos y a replegarnos en el miedo desde donde, vimos, florecían discursos de odio y desprecio envueltos en marcos trumpistas y una política de la desconfianza escondida en confusas conspiranoias. La indolencia propia del verano que está al caer nos deja tiempo para imaginar sobre las repúblicas posibles y para volver a juntarnos, bien despiertas otra vez, para perseguir el sueño de dejar de ser súbditas, ayudándonos del impulso de este ofrecimiento generoso de Pisarello, increíblemente bien documentado, como toda buena genealogía. El repaso de textos jurídicos, de ensayos, de películas, de documentales, de teatro… empujan un relato contracultural de la monarquía hispánica tremendamente erudito y pedagógico. Pisarello ofrece, generoso, expandir el conocimiento más allá de sus páginas y de lo estrictamente academicista, siendo estas fuentes variadas una parte importante de la interpretación y de la lectura de la historia, y sobre todo del futuro, que es a donde apunta, esperanzador, este libro. 

Pero no demos por hecho una amalgama informe de citas presuntuosas. Pisarello es un artesano de la narración del republicanismo democrático y escoge cuidadosamente el material para moldear el deseo de una república emancipadora, anticolonial – “la monarquía española nació como régimen imperialista, colonial y genocida”- y feminista. La erudición enorme que rebosa este ensayo es personal y política. Es profusa en bibliografía y específica sobre la acción de las mujeres en el siglo de las revoluciones y sobre su contribución a la historia hasta el día de hoy. ¿Cuántas veces, ávidas por entender y conocer, hemos leído genealogías y recorridos históricos de tradiciones propias en las que buscar reflejo, y tradiciones ajenas en la que buscar inspiración, sin ver en ellas a una sola mujer? Por eso, llama la atención, y no nos acostumbramos ni aun viniendo del flanco izquierdo que haya autores como Gerardo que tiñan su relato de perspectiva de género. Y digo “teñir” porque las mujeres están, como están y han estado siempre, no a modo de “añadir mujeres y remover”, sino siendo agentes de sus propios destinos y del de los demás. La historia es nuestra. Por eso, este libro sobre algo que puede sonar tan arcaico como la monarquía hispánica es tremendamente actual, hijo de su tiempo y de esta cuarta ola maravillosa que el autor vivió desde las instituciones y que aun así o por eso, fue notoriamente impregnado por ella.

En esta revisión anticolonial y feminista conmueve la forma de denunciar el “enorme machismo a la hora de relatar la historia de la monarquía incluso en historiadores de izquierda”. Así, Gerardo empatiza incluso con la figura humana de Isabel II y arremete contra el machismo impreso en la interpretación de la sexualidad de la Reina, generalmente sujeta al chascarrillo y al juicio moral aun en autores tan reputados y robustos como podría ser, por ejemplo, un Hugh Thomas molesto con la promiscuidad de esta mujer reina. “Esta curiosa etapa finalizó en 1868 cuando la Reina Isabel, que era ninfómana, fue destronada por Prim, el más grande de los generales liberales de España”. Esta antítesis entre Prim y la Reina, entre la monarca y el liberal, mediada y reforzada por el efecto de la sexualidad irrefrenable de Isabel, evidencia como irremediable el golpe de estado frente a tamaño despropósito de adulterio y promiscuidad “por otro lado, tan promiscua como cualquier otro miembro de la aristocracia europea en aquel momento”, como ha señalado el propio Pisarello. Sólo un ejemplo de uno de los más grandes resbalando en la trampa del sesgo sexista, para ilustrar lo que es más que habitual entre casi todos los que nos han relatado la historia desde las grandes tribunas y los grandes ensayos.

En esta misma línea de revisión y reconocimiento desde el republicanismo democrático, llama también la atención cómo Gerardo se detiene en señalar una genealogía de los “males” de la corona española cuyo pecado originario surge de la violencia colonizadora desde el establecimiento del Imperio. Contar lo que hasta ahora era un relato marginal, como algo central y constitutivo del régimen en el que vivimos, es también una decisión republicana que reclama y abre ese espacio de reconocimiento y relectura desde el pensamiento anticolonial que convierte la propuesta republicana de Pisarello en democrática e interseccional.

Así que este libro sobre el pasado, que apunta al futuro y que a la vez es tan contemporáneo, tiene mucho de performativo, y su mera escritura, circulación y lectura transforma la realidad haciéndola más republicana.

Una o dos generaciones después de la pedagogía preventiva y propositiva de Solé Tura y Eliseo Aja, ¿qué nos advierte esta vez Pisarello? ¿Qué nos propone con este ensayo en este momento de interregnos?: El anhelo de Arcadi Oliveres: “Vosotros sí lo veréis”

Por eso, y por el poder performativo, “vivan los libros”.

Gerardo Pisarello: “Es inadmisible que no le hayamos escuchado a Felipe VI ni una sola frase de condena del franquismo”

El secretario primero de la Mesa del Congreso y diputados de Unidas Podemos, Gerardo Pisarello, en una imagen de archivo. Verónica Povedano
El secretario primero de la Mesa del Congreso y diputado de Unidas Podemos, Gerardo Pisarello, en una imagen de archivo.  Verónica Povedano

20/06/2021 Público.es

PILAR ARAQUE CONDE@PILARAC4

La crisis de la última restauración borbónica, agravada por las graves acusaciones que pesan sobre el reinado de Juan Carlos I, condiciona la mirada crítica y contextualizada de Dejar de ser súbditos. El fin de la restauración borbónica (Akal), el nuevo libro del secretario primero de la Mesa del Congreso y diputado de Unidas Podemos, Gerardo Pisarello. En una entrevista a este medio, el también doctor en Derecho y profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Barcelona cuestiona el sentido de las monarquías hereditarias en el mundo, especialmente la monarquía borbónica española. Todas ellas tienen los “días contados”, asegura. “Estoy convencido de que Leonor no acabará reinando en España”. Asimismo, afea la protección del PSOE hacia el emérito para que no sea investigado en el Congreso, un mal que degrada la propia idea de monarquía parlamentaria y que, al mismo tiempo, acerca el horizonte republicano como única alternativa para superar los retos del siglo actual.

¿Se puede ser democráta y monárquico al mismo tiempo?

Tratándose de las monarquías hereditarias, no. Es injustificable desde el punto de vista democrático que alguien sea jefe de Estado por ser hijo de alguien. Lo que se puede es intentar que una monarquía hereditaria esté sujeta a más o menos controles, que sea más o menos transparente, que no tenga zonas de opacidad y limitar sus privilegios. Y lo que sí se podría hacer es tomarse en serio la necesidad de que, incluso, una monarquía hereditaria tenga que estar sometida a un referéndum y si la ciudadanía, en un momento dado, no quiere saber más de ella, decidirlo. 

En su libro afirma que “España nunca ha tenido una monarquía parlamentaria”, un principio recogido en la Constitución. ¿Qué falla ahí?

Las cosas fallan desde el comienzo. El propio descubrimiento y conquista de América ya supuso la entrada de dinero fácil, facilitó la economía del pelotazo. La monarquía dio cobertura a eso y además, fue una monarquía profundamente católica, que por lo tanto la hizo muy intolerante frente a las disidencias religiosas y sexuales; persiguió a los moriscos, a judíos, a la población gitana y a los protestantes; quemó a las mujeres acusándolas de brujas a través de la Inquisición, etc. Hay un defecto de origen en esa composición que fue denunciada por muchísima gente en aquella época, desde Bartolomé de las Casas hasta Francisco de Vitoria. “Ni en el siglo XIX ni en el siglo XX hemos podido tener una monarquía parlamentaria”

Luego, más adelante, con los Austrias, pero sobre todo, con los Borbones, la monarquía continuó siendo una especie de pegamento de esa forma de organizar la economía rentista, extractivista, poco vinculada a la Industria y a la Ciencia, utilizando la Religión como un principio de Estado, autoritaria y protectora de esos sectores. A diferencia de otros países europeos, lo que no hubo en España fueron revoluciones que acabaran con ese absolutismo monárquico. En Inglaterra hubo una revolución, en Francia hubo una revolución y en el caso español, Fernando VII, que era una rey mucho más cruel que Carlos I de Inglaterra o Luis XVI, acabó muriendo en su cama. Por lo tanto, ni la monarquía ni el sistema económico y político al cual la monarquía dio cobertura, pudieron ser parlamentarizados en un sentido pleno. Y, por eso, ni en el siglo XIX ni en el siglo XX hemos podido tener una monarquía parlamentaria

Como comenta en el libro, hay sectores progresistas que apuestan por “republicanizar” la monarquía borbónica. ¿Sería esto una vía para alcanzar el horizonte republicano?

No, son dos vías diferentes. Los sectores progresistas moderados o menos retrógrados, a lo largo de la historia, pensaron que se podía republicanizar la monarquía al imponerle algunos límites. Eso no fue posible ni con los Reyes Católicos, ni con los Austrias y, mucho menos, con los Borbones. Esta última dinastía no se ha dejado nunca educar en términos republicanos. Y casi todos esos intentos acabaron siempre en fracaso. O bien dieron salida a alternativas autoritarias, por ejemplo Fernando VII o Alfonso XIII apoyando la dictadura de Primo de Rivera, o bien dieron salida a alternativas directamente republicanas. “Ni la Corona ni la dinastía restaurada por el franquismo tiene voluntad de aceptar controles de transparencia”

Hoy hay quienes creen que es posible introducir mayor transparencia y mayores controles en la monarquía actual. Nosotros hemos pedido eso en varias ocasiones, pero siempre nos hemos encontrado con una barrera enorme: ni la propia Corona ni la propia dinastía restaurada por el franquismo tiene voluntad de aceptar esos controles ni ha habido la fuerza para hacerlo. Por eso, en el contexto en el que estamos, o bien puede haber una salida autoritaria, si la monarquía no se parlamentariza, o bien puede ocurrir que haya un nuevo horizonte republicano, que es lo que desearía. 

El republicanismo democrático, tal como señala, como cultura política y como visión del mundo “ha tenido una fuerza y una capilaridad notables”. ¿Ha aumentado su impacto con la crisis actual que atraviesa el régimen?

En la Península ha habido diferentes tradiciones republicanas que, en diversos momentos, no solo se enfrentaron a los abusos de la monarquía, sino que intentaron impulsar otra forma de organización de la economía y de la vida política basada en la tutela de los bienes públicos, en los avances de la Ciencia, en la modernización y democratización de la economía y que logró algunos cambios importantes en materia de educación, ateneos, cooperativas, grupos de autoayuda… Generó cambios importantes, aunque las experiencias de gobierno republicanos fueron efímeras. De los últimos grandes movimientos republicanos que tuvimos en los últimos tiempos, uno de los principales fue el movimiento antifranquista que, aunque el dictador muriera, en la calle se consiguió arrancar cambios importantes a esa dictadura con la conquista de derechos fundamentales.”La monarquía es el gran problema del Estado”

El 15M fue también una expresión de un movimiento republicano que se expresó en las ciudades cuando de pronto, en 2015, candidaturas republicanas se abrieron camino en A Coruña, Cádiz, Barcelona, Madrid o Pamplona. Lo que está por ver ahora es si ese impulso republicano puede volver a cobrar fuerza, pero la clave de una salida democrática a la crisis del régimen es que las tradiciones republicanas peninsulares vuelvan a articularse y que, a diferencia de otros momentos históricos, esta vez lleven los relojes acompasados, que sean capaces de mirarse de reojo y de tejer estrategias conjuntas. La principal es entender que la monarquía es el gran problema del Estado, es el gran tapón y que si ese tapón cae pueden abrirse muchas de las tareas de democracia económica, de género y política que están pendientes. 

¿Se podrá garantizar la verdad, justicia y reparación de las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura mientras que el actual rey mantenga la equidistancia en este asunto, igualando a franquistas con sus víctimas?

De ninguna manera. Los Borbones en sí fueron una dinastía nefasta para España, pero sobre todo, en el caso de la restauración de la dinastía borbónica por Franco, su dependencia del franquismo impiden, efectivamente, que sean un factor no solo de de garantía de justicia y reparación a la víctimas, sino de democratización en general. La monarquía británica parlamentaria sobrevivió porque en un momento dado, su rey se vio obligado a condenar el nazismo que estaba en guerra con el Reino Unido. Lo mismo pasó con muchas monarquías nórdicas;: la monarquía noruega tuvo un rey que se enfrentó al nazismo. “Los monarcas que hemos tenido hasta ahora tienen un vínculo con el régimen franquista”

En el caso español, estamos ante una enorme anomalía que, como los monarcas que hemos tenido hasta ahora tienen un vínculo con el régimen franquista, no han sido capaces de condenar el franquismo en ningún caso. Felipe VI se puede hacer una foto en Auschwitz como si fuera un souvenir que se conserva en una postal, pero lo que es totalmente inadmisible es que no le hayamos escuchado ni una sola frase de condena del franquismo. Por tanto, va a ser muy difícil que la cultura democrática antifranquista se abra camino sin un cuestionamiento fuerte del papel de la monarquía. 

¿Cualquier tipo de república es por definición preferible a cualquier clase de monarquía?

No, porque el republicanismo puede ser democrático, pero también hay variantes del republicanismo conservador y elitista. En países que son repúblicas, como Portugal, Italia o Francia, las tradiciones republicanas democráticas tienen que enfrentarse a tradiciones republicanas conservadoras y elitistas. Incluso, puede pasar que haya regímenes disfrazados de república que en realidad sean auténticos despotismos, como el Chile de Pinochet o la Argentina de Videla. “Puede pasar que haya regímenes disfrazados de república que en realidad sean auténticos despotismos”

Y puede ocurrir que haya monarquías parlamentarizadas, como en el caso de Suecia o de Noruega, que en la práctica sean más democráticas que algunas repúblicas conservadoras, autoritarias y despóticas. Dicho esto, incluso la monarquía más parlamentarizada, si se trata de una monarquía hereditaria, incluye elementos de privilegios, elitistas y de opacidad que en una república democrática no se tolerarían. 

A pesar de las graves acusaciones que pesan sobre el reinado de Juan Carlos I, el PSOE se resiste a que el Congreso investigue las acciones presuntamente ilícitas cometidas por el emérito. ¿Cree que algún día el PSOE accederá a dar el visto bueno a una comisión de investigación sobre el emérito si de verdad quiere identificarse como un partido republicano?

Siempre le recuerdo al PSOE que quienes más insistieron a principios del siglo XX en que Alfonso XIII tenia que acabar en una comisión de investigación en el Congreso por el desastre de Annual fueron socialistas como Indalecio Prieto o Julián Besteiro. Teniendo en cuenta su tradición y que muchas de sus bases son republicanas, no se entiende cómo el PSOE ha actuado como protector de Juan Carlos I en el Congreso al precio de degradar la idea de monarquía parlamentaria.

Cada vez que se niega la posibilidad de que el rey emérito se siente en una comisión de investigación, cada vez que se impide que se tramite una ley de la Corona para acabar con los privilegios que supone la inviolabilidad, cada vez que se impide que se hagan preguntas sobre la Corona, la propia idea de monarquía parlamentaria se está degradando y cada vez más gente comienza a ver que la única alternativa es la república.

¿Qué más se necesita para que el Gobierno de coalición, formado por PSOE y Unidas Podemos, retire el título de rey emérito a Juan Carlos I

Nunca había sucedido en la Historia española un comunicado como el del 15 de marzo de 2020 donde es la propia Casa Real, y ningún conspirador o conspiradora republicanos, la que dice que Juan Carlos I podría haber cometido delitos de evasión fiscal y blanqueo de capitales. Ese hecho fue un terremoto porque no se podía seguir ocultando, primero, y en segundo lugar, a cuyos efectos se le quiso poner límite haciéndolos públicos al día siguiente de declararse el Estado de alarma como consecuencia de la pandemia. Si no hubiéramos tenido pandemia, posiblemente no se hubiera hecho esa declaración de la Casa Real, o si se hubiera hecho, hubiera generado una movilización ciudadana de consecuencias inimaginables.”Cualquier otra operación restauradora, sea en Felipe VI o Leonor, está destinada a no generar credibilidad”

Esa confesión de la propia Casa Real fue tan grave que el declive de la dinastía borbónica es irreversible. Después de esa declaración del 15 de marzo de 2020, cualquier otra operación restauradora, sea en Felipe VI o Leonor, está destinada a no generar credibilidad entre la ciudadanía. Sobre todo, entre las generaciones más jóvenes.

Con la crisis actual que atraviesa la Corona, ¿la monarquía ha sellado su declive?

En la Historia siempre está todo abierto, pero sí creo que es un proceso irreversible. Son los propios monárquicos quienes así lo admiten. Las monarquías hereditarias en el mundo tienen los días contados. Pero, sobre todo, la monarquía borbónica en España, después de lo que ocurrió con Juan Carlos I, yo creo que le queda poco tiempo. Estoy convencido de que Leonor no acabará reinando en España.”Estoy convencido de que Leonor no acabará reinando en España”

Podríamos pasar por un interregno autoritario en el que la extrema derecha y la derecha extrema utilicen a la monarquía para blindar sus propios privilegios e intereses. Si bien, estoy convencido, como diría Benito Pérez Galdós, de que la Historia es un ser vivo y que, cuando durante siglos no destronó, de pronto un día destrona y cuando durante siglos durmió en la cama de reyes, un día se despierta en la cama del pueblo.

En un Estado democrático y de derecho, llama la atención que exista un delito de injurias a la Corona mientras que, por otro lado, los miembros de esta institución son inviolables. ¿Rompe con el principio democrático de que todos somos iguales ante la ley?

El sentido de la inviolabilidad de las monarquías parlamentarias es que el rey no era responsable de sus actos porque quien asumía la responsabilidad era el gobierno o la mayoría parlamentaria que representaba al gobierno de turno. Lo que ocurre es que cuando el rey se aparta de sus funciones constitucionales y comete actos privados que pueden ser delictivos, no tiene ningún sentido que se diga que esté protegido por la inviolabilidad. Cuando un rey roba, defrauda a Hacienda, o actúa como comisionista por encima de la ley, no tiene ningún sentido que se aplique la inviolabilidad como cobertura de esas actuaciones.”Un rey que comete actos ilícitos en sus actuaciones privadas pierde esa inviolabilidad”

Pero creo que fue un plus que la monarquía borbónica consiguió, sobre todo, después del 23F. La visión idealizada del papel de Juan Carlos I en el intento de golpe de Estado le permitió valerse de la inviolabilidad como si fuera una carta blanca para actuar fuera de ley e, incluso, para delinquir. Eso no debería ser aceptable en ninguna monarquía parlamentaria digna de ese nombre. Un rey es inviolable solo en lo que son sus funciones constitucionales y cuando la asume un responsable político, pero un rey que comete actos ilícitos en sus actuaciones privadas pierde esa inviolabilidad y debería ser responsable, o al menos, debería abdicar para ser juzgado. Abdicar o renunciar.

En su libro, menciona que la actuación de Felipe VI, sobre todo a raíz de ese discurso del 3 de octubre, fue el detonante para cuestionar aún más la utilidad práctica de la Corona. Casi cuatro años después, esas dudas siguen más latentes que nunca a raíz de los indultos y de las apelaciones de la derecha para que no firme el decreto de la concesión de la medida de gracia (cosa que no puede hacer porque está obligado por ley). ¿Qué debería hacer el rey si de verdad quiere reivindicar su utilidad como jefe de Estado?

El 3 de octubre de 2017, el rey renunció a cumplir con su función constitucional de mediador y actuó como un actor de parte, incluso a espaldas del Gobierno de Rajoy que se enteró en el último momento del discurso que iba a hacer. Cuando la derecha le sugiere al rey que no firme los indultos, lo que está haciendo es defender una concepción de una monarquía partidista defensora de los intereses más retrógrados de la sociedad, pero no sujeta a la legalidad. Eso coloca sobre la mesa una pregunta fundamental: ¿para qué sirve una monarquía hereditaria hoy, aquí y ahora?”Con la dinastía borbónica no hay solución posible”

Es decir, si la monarquía no sirve para erradicar el problema de la corrupción porque lo tiene dentro de sí mismo; si la monarquía no garantiza que se avance en materia de equidad social, de justicia social porque es una institución elitista; si no permite la convivencia plurinacional de las gentes y pueblos del Estado, la pregunta es para qué sirve. Solo en el siglo XIX se planteó la hipótesis de que un rey republicano de otra dinastía que no fuera la borbónica y se intentó traer a Amadeo de Saboya. Con la dinastía borbónica no hay solución posible y dudo que en pleno siglo XXI esa solución pueda provenir de una forma de Estado que para las mujeres y la mayoría de los jóvenes, como dicen las encuestas, ya es inasumible.

Sánchez anunció a finales de 2020 una hoja de ruta para una renovación de la Corona. Aunque de momento ha trascendido poco sobre estos planes, ¿sería suficiente para dar transparencia a una institución tan opaca? Sobre todo, teniendo en cuenta que Unidas Podemos pide directamente una Ley de la Corona.

Como mínimo, debería poder desarrollarse el artículo 57.5 de la Constitución que prevé que una ley aclare, por ejemplo, en qué un rey puede ser inviolable o no. Ya es hora de decir que cuando un rey roba o defrauda a Hacienda no puede considerarse inviolable. Pero desgraciadamente, las propuestas que estamos viendo en el PSOE son propuestas cosméticas, de maquillaje, que no están queriendo entrar en el fondo del asunto.

Tuvimos un posicionamiento muy crítico sobre lo poco incisiva que fue la Agencia Tributaria, la Inspección de Hacienda o la propia Fiscalía cuando tuvo que investigar los delitos fiscales por parte de Juan Carlos I y muchas veces tenemos la impresión de que hay ciertos sectores, incluso dentro del PSOE, que querrían que esto se cierre con alguna vía de impunidad tanto para Juan Carlos I como para Felipe VI.”No se va avanzar si no hay presión política y si no hay un republicanismo de calle”

Lo que nos dice la experiencia es que aunque el PSOE tenga entre sus bases y diputados personas genuinamente republicanas, no se va avanzar si no hay presión política y si no hay un republicanismo de calle, es decir, un republicanismo organizado, que se movilice contra los abusos de la monarquía. Y también, por qué no decirlo, un cierto republicanismo conservador de gente que no necesariamente se perciba de izquierdas, pero que haya llegado a la conclusión de que una monarquía hereditaria es una forma de gobierno y de Estado anticuada que no ayudará a modernizar ni a democratizar la economía ni a resolver los grandes retos que podrá tener cualquier sociedad en el siglo siglo XXI. 

¡Nuevo libro! Dejar de ser súbditos. El fin de la restauración borbónica.

Por Gerardo Pisarello. Akal

¿Qué sentido tienen las monarquías hereditarias en el mundo contemporáneo? ¿A qué fines e intereses concretos ha servido la monarquía en España? Partiendo de una mirada histórica, contextualizada, Gerardo Pisarello analiza críticamente el devenir de las monarquías modernas y de manera concreta el de la dinastía borbónica hispana, desde Fernando VII al actual rey Felipe VI. Dejar de ser súbditos. El fin de la restauración borbónica es un ensayo penetrante, que muestra de forma convincente por qué la monarquía podría haber sellado su declive irreversible, posibilitando la apertura de nuevos horizontes republicanos.

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