Cuesta concebir una polĂtica emancipadora que no asuma este triple desafĂo: actuar en el Estado, contra el Estado, y fuera y mĂĄs allĂĄ de Ă©l. Esto es lo que hay que reinventar con urgencia. Y hacerlo colectivamente
Gerardo Pisarello 18/12/2023

El viernes 15 de diciembre, CTXT fue anfitriona de un debate en lĂnea en el que Yayo Herrero, Amador FernĂĄndez-Savater y quien esto escribe, conversamos sobre el papel de las izquierdas y de los movimientos sociales frente al ascenso reaccionario global. Creo que fue un debate estimulante y muy necesario. Por la manera directa pero respetuosa con la que se plantearon acuerdos y desacuerdos. Por las reflexiones punzantes que suscitĂł entre quienes intervinieron desde sus casas. Por la modestia con la que se expresaron dudas e incertezas. Y sobre todo, porque nada de lo que se dijo abonaba el cinismo o la resignaciĂłn frente a las injusticias de nuestro tiempo. Por el contrario, fue un debate pensado para sacudirnos y estar a la altura del contexto de emergencia en el que nos encontramos.
El disparador de la discusiĂłn fue un artĂculo publicado por Amador en CTXT, bajo el tĂtulo Defender recreando (a propĂłsito de la izquierda y la ConstituciĂłn). En ese texto, Amador comentaba un acto organizado por el Grupo plurinacional de Sumar en el Congreso por los 45 años de la ConstituciĂłn de 1978. En aquel acto breve, pensado mĂĄs para la prensa que para el debate pĂșblico, intervinimos tres personas, con coincidencias y tambiĂ©n, creo, con matices personales. Lo cierto es que, tras seguir la transmisiĂłn, Amador detectĂł algunos problemas que son objeto de sus preocupaciones hace tiempo. El fundamental, una mirada demasiado defensiva sobre el papel de la ConstituciĂłn y de ciertos cambios legales en la actual coyuntura de ascenso de la ultraderecha. El segundo, una mirada en exceso institucionalista, estatalista, que en su opiniĂłn se aleja de la de movimientos como el 15-M y refuerza una desafecciĂłn que las derechas radicalizadas saben utilizar en su provecho.
Hay una mirada en exceso institucionalista, estatalista, que se aleja de la de movimientos como el 15-M
No todas las objeciones que Amador plantea fueron sostenidas realmente en el debate al que se refiere. Pero las dos señaladas tienen mucho de pertinentes y merecen una reflexión. Entre otras razones, porque forman parte de debates que estån teniendo lugar no solo en el contexto hispano, sino también en otras latitudes. Ya que CTXT nos ha dado la oportunidad, aprovecho estas påginas para presentar tres ideas que intentan aclarar mi punto de vista y ofrecer algunos argumentos para continuar la discusión.
1. Hay que resistir sin renunciar ni a la autocrĂtica ni a un horizonte transformador.
Hay una primera cuestiĂłn, de fondo, que comparto plenamente con Amador. En un escenario internacional dominado por un capitalismo desembridado y por la irrupciĂłn de un fuerte movimiento reaccionario, tenemos que poder defendernos sin asumir una mirada defensiva.
Efectivamente, en un mundo en el que miles de activistas o colectivos en situaciĂłn de vulnerabilidad por razones de clase, de gĂ©nero o de origen Ă©tnico, son amenazados, agredidos, e incluso asesinados, hay que poder defendernos y hay que poder protegernos. Con todo, es innegable que limitarnos a estabilizar las lĂneas defensivas puede convertirse en el camino mĂĄs expedito para acabar perdiĂ©ndolo todo.
Esto es asĂ por muchas razones. Primero, porque no toda situaciĂłn de bienestar aparente o real es digna de ser defendida. Como lĂșcidamente señalĂł Yayo Herrero en el debate en lĂnea de CTXT, hay muchos supuestos en los que resistir serĂa mantenernos anclados en prĂĄcticas insostenibles. Esto es evidente, por ejemplo, en un contexto de contracciĂłn del uso de energĂa y de materiales, en el que resistir no puede equivaler a conservar prĂĄcticas no generalizables que, por el contrario, deberĂan ser radicalmente revisadas. Pero hay una segunda razĂłn por la que no podemos limitarnos a la resistencia. Porque mantener algunas regulaciones pĂșblicas y ciertas mejoras materiales en la vida de las personas no bastarĂĄ para que Ă©stas recuperen su fe en la polĂtica y en una democracia que no se comporta como tal.
Yo no desdeñarĂa lo que Amador parece considerar asuntos menores como pelear desde las instituciones para mejorar salarios, reforzar la sanidad pĂșblica, aumentar impuestos a las grandes fortunas, o evitar cortes de luz o subidas de alquileres. De entrada, porque como Ă©l mismo admite, son cuestiones vitales para quienes peor estĂĄn y para quienes ya han perdido demasiado en estos años. Luego, porque no hay nada peor ni mĂĄs desmovilizador que unas izquierdas incisivas en âel relatoâ pero incapaces de concretar sus consignas cuando tienen la oportunidad institucional de hacerlo.
Dicho esto, no puedo estar mĂĄs de acuerdo con Amador en que la polĂtica no puede reducirse a simple gestiĂłn o a simple administraciĂłn. Debe ser capaz de confrontar con la fatalidad distĂłpica y plantear futuros alternativos y deseables. Obviamente, esto encierra un riesgo. El de empeñarse, como tambiĂ©n apuntaba Yayo Herrero, en âilusionarâ a personas que acaban siendo tratadas como niños pequeños o como consumidores pasivos de un producto de marketing. El desafĂo es otro: repensar, lo mĂĄs colectivamente posible, horizontes de transformaciĂłn capaces de movilizar los deseos de la ciudadanĂa de apropiarse de la polĂtica. Muchos de estos horizontes: republicanos, feministas, antirracistas, poscapitalistas, pueden no aparecer como inmediatos. Pero deben ser pensados y anticipados en prĂĄcticas concretas, si no queremos que sean las derechas radicalizadas quienes acusen a las izquierdas de âcastasâ y se hagan con el imaginario contestatario y anticonservador.
2. Seguimos necesitando procesos constituyentes que habiliten transformaciones de fondo, pero mientras tanto, tenemos que poder disputar la legalidad existente.
Hay un segundo debate que suscita Amador en su artĂculo. EstĂĄ vinculado al primero y tiene que ver con las mediaciones legales que permiten, no solo garantizar los âpequeños bienesâ de los que habla Santi Alba Rico, sino abrir horizontes transformadores mĂĄs amplios. En este punto, Amador lamenta que las izquierdas hayan abandonado la apelaciĂłn a nuevos procesos constituyentes, como en tiempos del 15-M, y se resignen a disputar la ConstituciĂłn de 1978 a las derechas radicalizadas.
Amador lamenta que las izquierdas hayan abandonado la apelaciĂłn a nuevos procesos constituyentes
Comienzo, tambiĂ©n aquĂ, por darle la razĂłn. Yo mismo escribĂ en 2014, al calor de las movilizaciones indignadas y del auge del soberanismo catalĂĄn, un ensayo titulado Procesos constituyentes. Caminos para la ruptura democrĂĄtica. AllĂ defendĂa la necesidad de aprovechar todas las grietas para impulsar lo que en paĂses como Bolivia o Ecuador habĂa dado lugar a nuevas Constituciones que habilitaban la conquista de nuevos marcos interpretativos y de pequeños y grandes bienes, tanto personales como colectivos.
Aunque quizĂĄs no fui lo suficientemente claro, en mi intervenciĂłn en el Congreso insistĂ, como hago cada año que llega el aniversario de la ConstituciĂłn, en que no podemos abandonar esa perspectiva constituyente. Incluso si no estamos en un momento âcalienteâ como el del 15-M, sigue siendo fundamental no renunciar a un horizonte radicalmente republicano, feminista, ecosocial, ni a propugnar lo que XosĂ© Manuel Beiras llama âun proceso de procesos constituyentesâ.
Naturalmente, eso no nos exime, como en tantos otros ĂĄmbitos, de lidiar con el âmientras tantoâ. AquĂ, mi propuesta es doble. Por un lado, no dejarnos enzarzar en el debate estĂ©ril sobre la reforma de una ConstituciĂłn âla de 1978â deliberadamente pensada para no ser reformada en sus aspectos sustanciales. Por otro, plantear, sin renunciar al horizonte constituyente, una interpretaciĂłn garantista de los contenidos sociales y democrĂĄticos ya existentes y que las derechas radicalizadas pisotean o incumplen de manera sistemĂĄtica.
Quiero aclarar que no estoy hablando de blandir el librito de la ConstituciĂłn como si fuera un fetiche que contuviera todos nuestros anhelos. Simplemente, se trata de exigir, como hacĂa la Plataforma de Afectados por la Hipoteca cuando salĂa a la calle con carteles que decĂan âArtĂculo 47â, que sus promesas sociales y democrĂĄticas se cumplan. Mucho mĂĄs ahora, cuando tenemos unas derechas que las ignoran o las pisotean abiertamente mientras parecen suspirar por las Leyes Fundamentales de la dictadura.
Llegados a este punto, planteĂ© en el Congreso una cuestiĂłn acaso polĂ©mica, pero que me parecĂa importante abordar: distinguir la ConstituciĂłn del 78 del RĂ©gimen del 78. En mi opiniĂłn, lo que llamamos el RĂ©gimen del 78 es un rĂ©gimen de poder que tiene su origen en los pactos de la transiciĂłn. Pero que cristaliza dĂ©cadas despuĂ©s, con el Aznarato y con la contrarreforma del artĂculo 135 constitucional que consagra la prioridad del pago de la deuda sobre otros objetivos sociales.
En mi opiniĂłn, lo propio de ese RĂ©gimen bipartidista fue utilizar el Parlamento y un Tribunal Constitucional cada vez mĂĄs conservador para desactivar los contenidos mĂĄs avanzados que el antifranquismo habĂa logrado imprimir en la ConstituciĂłn y para estrechar los mĂĄrgenes para una interpretaciĂłn garantista de la misma. Esto explica que, con la eclosiĂłn del 15-M, muchos movimientos sociales comenzĂĄramos a exigir un proceso constituyente que rompiera âcon el candado del 78â.
Hoy, me parece, la situaciĂłn se ha tornado mĂĄs compleja. Porque ya no solo tenemos que cuestionar lo que fue el RĂ©gimen del 78, hoy parcialmente superado con los Ășltimos gobiernos de coaliciĂłn y con los cambios en la composiciĂłn del propio Tribunal Constitucional. TambiĂ©n nos toca enfrentarnos a unas derechas que en mĂĄs de un extremo son pre-RĂ©gimen del 78. Para entendernos: nostĂĄlgicas del franquismo y negacionistas del derecho internacional de los derechos humanos y de los elementos mĂĄs garantistas de una ConstituciĂłn a la que ignoran cuando les conviene.
Insisto: nada de esto nos obliga a concebir la ConstituciĂłn como el punto de llegada de todos nuestros deseos ni a ignorar los cepos que los herederos de la dictadura plantaron en ella. Simplemente nos exige disputar el sentido de su contenido mĂĄs garantista para derogar la ley mordaza, para hacer viable la ILP de regularizaciĂłn de las personas migrantes o para descriminalizar los delitos contra la Corona y otros despropĂłsitos punitivistas. Estas Ășltimas medidas no exigen ni complejos procesos constituyentes previos ni reformas constitucionales quimĂ©ricas. Exigen fuerza social y voluntad polĂtica para aprobar leyes y en algunos casos decretos, no ya para âmejorar la vida de la genteâ, sino para que sea la gente quien, en primera persona, se apropie de la polĂtica.
3. Hay que pensar alternativas que puedan construirse desde, contra y fuera del Estado.
Llego asĂ a un Ășltimo punto que, como puede verse, conecta con los anteriores. En su artĂculo, Amador señala que los partidos polĂticos tienden a hacer propuestas que se solventan fundamentalmente en la esfera institucional. Y que esto, una vez mĂĄs, no hace sino aumentar el malestar ente quienes sienten a las izquierdas ofrecer polĂticas âpara la genteâ, pero rara vez âcon ellaâ.
Hay transformaciones que deben plantearse a través del Estado, otras contra él, y otras fuera y mås allå de sus confines
Como acabo de decir, esta observaciĂłn me parece pertinente y deberĂa ser fuente de mayor autocrĂtica para todos los partidos de izquierda, verdes, o con pretensiones antisistĂ©micas que con frecuencia actuamos, como dice Amador, como âproductores masivos de desafecciĂłnâ.
Admitido esto, sigo pensando que la cuestiĂłn no puede resolverse, como parece sugerir Amador, simplemente a travĂ©s de la desestatalizaciĂłn. Por lo que hace al Estado, en concreto, y a las instituciones pĂșblicas, soy partidario, otra vez, de plantear una manera mĂĄs compleja de relacionarnos con ellos. En la prĂĄctica, esto supone asumir que hay transformaciones que deben plantearse a travĂ©s del Estado, otras contra Ă©l, y otras, por fin, fuera y mĂĄs allĂĄ de sus confines, propiciando la creaciĂłn y recreaciĂłn de nuevos espacios de autoorganizaciĂłn social.
Por su escala, hay algunas transformaciones inconcebibles sin mediaciones legales e institucionales, estatales o incluso supraestatales. Yugular fiscalmente a los grandes rentistas, a la banca o a las tecnolĂłgicas, o crear empresas pĂșblicas en sectores estratĂ©gicos, son un ejemplo de ello. No creo que valga, en este punto, la caricatura de Amador cuando reduce estos objetivos a poner âun impuestito aquĂ o una regulaciĂłn mĂĄs allĂĄâ. Tampoco su idea de que el propĂłsito de embridar a los poderes capitalistas convierta a la izquierda en âautoritaria y moralizadora, regañona y puritanaâ.
Cosa diferente es exigir que estas polĂticas pĂșblicas no sean jerĂĄrquicas y que se tomen en serio la participaciĂłn comunitaria en su diseño. Pero incluso en estas formas de regulaciĂłn pĂșblico-comunitarias, la dimensiĂłn estatal o institucional resulta imprescindible.
Como en los puntos anteriores, la desestatalizaciĂłn que plantea Amador me parece fundamental cuando de lo que se trata es de combatir las inercias burocratizadoras y mercantilizadoras de las instituciones estatales realmente existentes. Y me parece decisivo, tambiĂ©n, si se entiende como el impulso de procesos de organizaciĂłn y participaciĂłn desde abajo sin los cuales las polĂticas institucionales se anquilosan y acaban siendo fĂĄcilmente capturadas por grandes poderes econĂłmicos. En cualquier caso, cuesta concebir una polĂtica emancipadora que no asuma hoy ese triple desafĂo: actuar en el Estado, contra el Estado, y fuera y mĂĄs allĂĄ de Ă©l. Esto es lo que hay que reinventar con urgencia. Y hacerlo colectivamente. Porque es la Ășnica manera, como bien apunta Amador en su provocadora y lĂșcida reflexiĂłn, de conservar lo que merece la pena.
———————
AquĂ puedes ver el debate ÂżResistir y/o reinventarlo todo?



