Desmontando a Vox

En la ComisiĂłn de Hacienda, celebrada el 29 de septiembre, el Grupo parlamentario Vox, presentĂł una ProposiciĂłn no de Ley en materia fiscal. A continuaciĂłn comparto mi intervenciĂłn.

Duros con la gente trabajadora, sumisos con los fondos buitre y los especuladores extranjeros. Mi respuesta a la xenofobia selectiva de Vox

Hace unos días me atacaron con palabras gruesas desde la cuenta  oficial de su Partido y su principal argumento era que yo era un extranjero que pråcticamente encarnaba la anti España de la que le gustaba hablar a ese demócrata que ustedes tanto admiran que es Francisco Franco.

Y yo, viendo aquella exhibición tan ruda de nacionalismo y xenofobia, pensé que ustedes vendrían aquí con una propuesta que plantearía fulminar en términos fiscales a los grandes fondos buitres extranjeros que hoy esquilman a miles de familias del país.

Pensé que con ese tono marcial, intimidatorio, que gastan en las redes sociales, vendrían aquí a plantarse españolamente contra las grandes fortunas sin patria que especulan en nuestras ciudades o que vampirizan a la gente trabajadora para luego esconder su dinero pérfidamente en paraísos fiscales.

Pero la verdad es que no. No he encontrado ni una sola propuesta fiscal que sugiera que esta crisis la tengan que pagar ni los jeques årabes que hacen dudosos negocios en España o los fondos pirata de Blackstone que desahucian familias humildes de Vallecas o Torrejón.

Por el contrario, lo que ustedes nos dicen aquí es que los extranjeros, si son ricos, si son grandes especuladores o grandes especuladores, tienen que tener toda clase de privilegios y ventajas fiscales sobre las familias trabajadoras y las pequeñas y medianas empresas del país.

Vaya estafa de propuesta fiscal, señores de Vox. Tanto presumir de duros, tanto patrioterismo digital contra los mås débiles para acabar, una vez mås, arrodillados y sumisos frente al 1% mås privilegiado, mås especulador y mås improductivo.

Les prometo que he repasado una y otra vez su propuesta fiscal y no he dejado de sorprenderme ÂżCĂłmo es posible que gente tan patriota, gente que lleva una bandera tan grande en la mascarilla, plantee que lo que hay que hacer es arrodillarnos fiscalmente frente a los fondos buitre extranjeros y castigar a la ciudadanĂ­a de a pie, que vive y trabaja en nuestros barrios?

Y luego llegué a la conclusión de que quizås sea porque ustedes se entienden bien con estos extranjeros VIP.

Después de todo ustedes ya se financiaron patrióticamente con fondos de iraníes ricos que figuraban en las listas del terrorismo internacional.

Y en 2019 viajaron a un barrio de Londres a reunirse con directivos de Goldman Sachs, Citi, UBS, HSBC y otros grandes bancos extranjeros precisamente para tranquilizarles y explicarles fuera de los focos que harĂ­an lo que vienen a hacer hoy a aquĂ­.

A agitar la bandera pero a actuar, en la prĂĄctica, como el partido de los grandes fondos buitres internacionales y de la gran evasiĂłn fiscal.

A vociferar consignas nacionalistas pero a actuar, en la prĂĄctica, como los sumisos cortesanos de los grandes monarcas de los rentistas y especuladores de siempre.

¿Para conseguir qué? Para reventar la progresividad fiscal prevista en la Constitución y convertirla en abierta regresividad fiscal.

Para que una familia trabajadora con una peluquería o una pequeña y mediana empresa tengan que pagar mås impuestos de sociedades que una gran superficie o que algunas grandes multinacionales.

Lo suyo señores de Vox, ademås de exhibicionismo patriotero ramplón, es desfachatez. Y tiene los días contados. Aunque se envuelvan en la bandera y aunque amenacen e insulten cobardemente por las redes.

Porque esa gente trabajadora, esa ciudadanĂ­a del comĂșn, autĂłctona o extranjera, que se ha jugado el tipo y a la que ustedes querrĂ­an cargar los costes de la pandemia y de la crisis, los va a poner en su sitio, denunciĂĄndolos como lo que son: una enorme estafa, hipĂłcrita, al servicio sumiso, como el propio franquismo, del 1% mĂĄs privilegiado.

En la ComisiĂłn de Exteriores

En la ComisiĂłn de Exteriores, celebrada el 24 de septiembre, defendĂ­ la ProposiciĂłn no de Ley presentada por el Grupo Confederal Unidas Podemos- En ComĂș Podem- Galicia en ComĂșn, relativa a las capacidades y actuaciones de distintos paĂ­ses para enfrentar la pandemia de la COVID-19 y la necesidad de reforzar el sistema de gobernanza multilateral con el fin de promover la defensa de los derechos humanos y la justicia global.

Un debate importante y una reflexión en la que por primera vez en mucho tiempo la humanidad aparece unida por un interés general mucho mås vital que en el pasado: el interés en la superviviencia de la especie y en la habitabilidad del planeta.

Contra lo que afirman teorĂ­as negacionistas de toda laya, hoy nos encontramos frente a problemas globales que condicionan la supervivencia de la humanidad:

  • El incremento dramĂĄtico del calentamiento climĂĄtico.
  • El alarmante aumento armas de destrucciĂłn masiva y los peligros de conflictos nucleares
  • Un crecimiento obsceno de las desigualdades y de la concentraciĂłn de riqueza en pocas manos, que trae como resultado la muerte cada año de millones de personas por falta de alimentaciĂłn y medicamentos
  • El drama de centenares de miles de migrantes que huyen de estas catĂĄstrofes climĂĄticas y de guerras por la apropiaciĂłn de recursos.

La lista, siendo realistas, sería larga. Se trata de fenómenos que sin duda plantean la necesidad de actuaciones decididas en el åmbito local y estatal. Pero que también exigen actuaciones urgentes en el åmbito internacional.

No un gobierno mundial, seguramente indesesable y peligroso, pero sĂ­ una nueva gobernanza global, un nuevo internacionalismo y un nuevo multilateralismo capaz justamente de garantizar estos objetivos la supervivencia, en condiciones dignas, de todos los pueblos y gentes del mundo y la preservaciĂłn del planeta como casa comĂșn de las especies que lo habitan.

Esta es la reflexión que llevamos al Congreso, justo cuando se cumplen 75 años de la creación de las Naciones Unidas.

Al igual que la Organización Mundial del Trabajo, un año antes, las Naciones Unidas nacieron como un intento, precisamente, de trazar un nunca mås a un capitalismo voraz, desenfrenado, muy similar al de nuestro tiempo, que había acabado en dos guerras mundiales y en experiencias tremendas como el nazismo, el fascismo o el colonialismo.

Desde entonces, ese experimento civilizatorio ha permitido avances importantes y ha sufrido el sabotaje a menudo, de los grandes leviatanes de Estado y de Mercado.

A lo largo de estos 75 años, en efecto, hemos visto una y otra vez a las grandes potencias intentar sabotear una y otra vez el mandato de paz, de respeto entre los pueblos, de protección de los derechos de todos, establecidos en el corpus normativo de la ONU.

Uno de los ataques mĂĄs abyectos a esos principios de Naciones Unidas ha sido el perpetrado por el presidente de Donald Trump, quien traicionando el compromiso internacionalista de algunos norteamericanos insignes -pienso en Walt Whitman, en Eleonor Roosevelt, en Martin Luther King- ha dedicado su AdministraciĂłn a minar polĂ­tica y econĂłmicamente a la ONU, a la OrganizaciĂłn Mundial de la Salud y a otros organismos unilaterales y amenazando con actuaciones belicistas irresponsables y propias de un nuevo NerĂłn.

Pero los ataques perpetrados contra la ONU y en general, contra el derecho internacional de los derechos humanos, no solo han tenido como protagonistas a grandes potencias como Estados Unidos, China, Rusia o Israel. También han tenido como protagonistas a grandes corporaciones transnacionales que incluso durante esta pandemia no han dudado en colocar sus intereses privados por encima de la Declaración Universal de Derechos Humanos o de los grandes pactos de derechos civiles, políticos, sociales y ambientales.

A pocos dĂ­as del 11 de septiembre, aniversario del golpe de Estado en Chile de 1973, todavĂ­a resuenan en nuestros oĂ­dos las palabras del presidente constitucional Salvador Allende en la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York advirtiendo, precisamente, sobre el enorme peligro que para las libertades y la democracia suponĂ­a la concentraciĂłn de poder en manos de unas pocas empresas transnacionales.

Pues bien, en ese mundo donde los poderes salvaje de Estado y de Mercado siguen campando a sus anchas, la defensa de un nuevo internacionalismo y de un nuevo multilateralismo respetuoso con la democracia y los derechos humanos tiene mĂĄs sentido que nunca.

A pesar de sus numerosos incumplimientos, de los ultrajes sufridos, la DeclaraciĂłn de Derechos Humanos, los grandes Pactos de derechos civiles, polĂ­ticos y sociales, la ConvenciĂłn contra la tortura, la DeclaraciĂłn de Derechos de Pueblos IndĂ­genas, la propia Agenda 2030, siguen siendo el embriĂłn, como dice Luigi Ferrajoli, de lo que hoy podrĂ­a ser una ConstituciĂłn para el Planeta Tierra.

Como recordĂł el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, no se trata de defender un gobierno mundial. Se trata de defender una gobernanza diferente, multilateral, que contribuya al desarme y a frenar las guerras, que haga de los alimentos y medicamentos bĂĄsicos derechos universales, y que convierta al agua, al aire, a los bosques, en bienes comunes de la humanidad.

Puede que tenga algo de utópico, pero es mucho mås realista que el mundo de desigualdad, violencia y depredación ambiental que nos espera si no ponemos ya límites claros, locales y globlales, a la descarnada ley del mås fuerte.   

También en la misma Comisión intervine para posicionar a nuestro grupo parlamentario en el debate de la Proposición no de Ley del Grupo Socialista sobre un nuevo impulso a la lucha contra el racismo tras
el homicidio de George Floyd.

✊🏿 George Floyd, Jacob Blake, Breonna Taylor, Rodney King, nombres que nos dicen que no habrá normalidad alguna, con o sin pandemia, mientras haya cientos de miles de personas asesinadas impunemente, víctimas de la brutalidad policial o del racismo neofascista solo por el color de su piel.

✅ Una Europa que se quiera solidaria no puede permanecer indiferente a los gritos de Minneapolis, de Nueva York y de tantas ciudades de Estados Unidos que han vuelto a hablar con la voz desgarrada y firme, de Nina Simone, de Angela Davis, para decir al Gobierno criminal de Trump que no se dejarĂĄn matar, que resistirĂĄn, como resistiĂł Rosa Parks y que no habrĂĄ justicia social sin justicia racial y sin justicia de gĂ©nero.

đŸŽ„ Sobre las movilizaciones de #BlackLivesMatter

La Ley Montoro: una de las agresiones mĂĄs escandalosas padecidas por el municipalismo en los Ășltimos tiempos.

La Ministra de Hacienda en su comparecencia, a peticiĂłn de los grupos parlamentarios, en la ComisiĂłn de Hacienda del Congreso, presentĂł las lĂ­neas generales del Decreto Ley de Medidas Financieras de Entidades Locales alcanzado con la FEMP y cuyo principal desacuerdo es sobre la fĂłrmula presentada de uso de los remanentes municipales.

La democracia y la modernizaciĂłn econĂłmica avanzan cuando el municipalismo avanza. Hoy el municipalismo es un motor importante de cambio social y econĂłmico.

âžĄïž Es fundamental para la reconstrucciĂłn social y econĂłmica romper el corsĂ© legal que hoy impide a los ayuntamientos atender la emergencia social, llegar allĂ­ donde nadie llega.

âŹ†ïž Ya en 2017, impulsamos una ProposiciĂłn de Ley que planteaba acabar con los elementos mĂĄs lesivos de la Ley de Estabilidad Presupuestaria del PP y fueron ellos con C’s, los que la bloquearon. Continuamos en nuestro empeño y por ello incluimos su modificaciĂłn como un objetivo central en los acuerdos programĂĄticos del Gobierno de CoaliciĂłn.

âžĄïž En la ComisiĂłn de Hacienda, celebrada el lunes, 31 de agosto, defendĂ­ la necesidad de un nuevo Decreto Ley, que responda a un amplio acuerdo de consenso con el municipalismo y diĂĄlogo para revertir esta situaciĂłn asfixiante que nos dejĂł el PP con la Ley Montoro en las finanzas de los gobiernos locales.

đŸŽ„ Mi intervenciĂłn y la rĂ©plica đŸ‘‡đŸŸ

IntervenciĂłn en el Pleno durante el debate del dictamen de la ComisiĂłn para la ReconstrucciĂłn

Durante mi intervenciĂłn he recordado a la bancada popular sus maniobras al lado de la alianza especuladora durante la negociaciĂłn de los Fondos europeos.

En un paĂ­s normal esto tendrĂ­a un nombre: delito de lesa patria.

No contaban que los países del sur de Europa y los gobiernos progresistas del sur, les plantarían cara para evitar que sus planes diseñados por nostålgicos de la troica, pudieran salir adelante.

Nosotros no vamos a bajar la guardia, vamos a seguir defendiendo un proyecto que recoja lo mejor de la tradiciĂłn del constitucionalismo republicano y democrĂĄtico europeo: justicia fiscal, la defensa de lo pĂșblico, la protecciĂłn de la gente trabajadora.

LA CRISIS DE LEGITIMIDAD DE LA MONARQUÍA, LA HISTORIA RECURRENTE DE ESPAÑA

La impunidad de la Corona como freno al avance democråtico. Un placer debatirlo con Javier Pérez Royo, Pura Sånchez y lo mejor del republicanismo y del feminismo andaluz. Mi agradecimiento al Ateneo Republicano de Andalucía por su invitación ¥Se necesitan mås actos así!

https://www.facebook.com/ateneorepublicanoandalucia/

Comparto una buena crĂłnica de Olivia Carballar (@ocarballar) para Lamarea.com

Diversas intervenciones en el Grupo de Trabajo de la UE, de la ComisiĂłn de ReconstrucciĂłn

Hoy en el Congreso han tenido lugar varias comparecencias ante el Grupo de trabajo UE, de la ComisiĂłn de ReconstrucciĂłn.

MĂĄs allĂĄ del nuevo escenario geopolĂ­tico peligrosamente en movimiento con personajes irresponsables como Trump y la voluntad polĂ­tica de las fuerzas progresistas del Sur de Europa para que esta crisis no repita los errores de la anterior, con medidas «austericidas», he querido recordar a los que mĂĄs sufren: las personas que cruzan el MediterrĂĄneo en bĂșsqueda de una vida digna y que esa Europa, a la que se le llena la boca de derechos y bienestar, les da la espalda.

También he querido solidarizarme con la población estadounidense que se ha levantado, con rabia, contra la violencia policial, racista, en ese abismo de desigualdades que les golpea a diario.

Defendiendo el republicanismo de las cosas concretas, el republicanismo ilustrado, que se contrapone al egoísmo de las élites y sus defensores a ultranza, que no aceptaron una salida a la crisis social y ambientalmente justa.

Republicanismo democrĂĄtico y procesos constituyentes, con Juan Pablo Sanhueza Tortella.

La FundaciĂłn Chile Movilizado me invitĂł el pasado 24 de mayo, al episodio #momentopopulista sobre republicanismo democrĂĄtico y procesos constituyentes. Ha sido una hora larga de conversaciĂłn con Juan Pablo Sanhueza Tortella, con el que he compartido ideas y reflexiones, con mucha complicidad en lo comĂșn y un gran afecto.

«Lo utĂłpico serĂ­a pensar que volveremos a lo que habĂ­a antes o que podemos adentrarnos en un mundo de desigualdad, violencia e inseguridad sin que eso nos alcance a todos.»

IntervenciĂłn en la ComisiĂłn de Asuntos Exteriores, el 23/04/2020

Hoy volvemos a encontrarnos en una situaciĂłn inesperada, grave, que no puede equipararse a ninguna que hayamos vivido en este siglo, al menos en las zonas mĂĄs privilegiadas del planeta.

El tsunami sanitario, social, econĂłmico, en el que nos encontramos es nuevo, pero no es casual. Es el producto de unas polĂ­ticas privatizadoras y extractivistas que nos han traĂ­do hasta aquĂ­.

Si tenemos una emergencia sanitaria sin precedentes es porque hemos devastado el medioambiente hasta lĂ­mites indecibles y hemos roto las cadenas alimentarias.

Si tenemos una grave emergencia sanitaria es porque se consintiĂł la mercantilizaciĂłn de la sanidad y porque no ser reforzĂł  suficientemente la malla pĂșblica que tanto logrĂł construir tras el fin del franquismo.

Si tenemos una grave emergencia social y econĂłmica es porque el Covid-19 estĂĄ castigando con especial intensidad a quienes ya venĂ­an siendo castigados por las crisis anteriores.

Las familias trabajadoras, las pequeñas y medianas empresas, los autónomos, las personas migrantes y refugiadas, las mujeres, en muchos casos sobreexpuestas al virus, a la precariedad y a la violencia de género.

Estamos por lo tanto ante un aviso de incendio, ante una alarma, ante el anuncio de una catĂĄstrofe que nos obliga a actuar y hacerlo ya.

Con sentido de la urgencia pero también con mirada larga, sabiendo que solo podemos evitar el abismo si impulsamos un cambio de paradigma que nos permita reiniciar y repensar profundamente nuestras formas de producir, de consumir y de relacionarnos, en la esfera interna y en la internacional.

Hoy tenemos muchas mĂĄs razones de las que tenĂ­amos en su primera comparecencia para reforzar un multilateralismo comprometido con al menos tres objetivos: revertir las abismales desigualdades globales, frenar la emergencia climĂĄtica y evitar que proliferen la carrera nuclear y las guerras por recursos.

Obviamente, ese multilateralismo con sentido social, ecolĂłgico, comprometido con la paz, tendrĂĄ aliados y tendrĂĄ adversarios.

Son muchas las voces, por ejemplo, que estån abogando por un New Deal como el de Roosevelt y por un nuevo Plan Marshall como el que contribuyó a la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial (por cierto condonando parte de la deuda de Alemania)

El problema es que del otro lado del AtlĂĄntico no tenemos hoy ni a Lincoln, ni a Roosevelt, ni a Marshall, y no se los espera. 

Lo que hay es un presidente negacionista, cuya primera reacciĂłn ante el avance del Covid-19 fue negar la gravedad de la pandemia y a intoxicar el debate pĂșblico con afirmaciones conspirativas y xenĂłfobas como la del “virus chino”.

Lo que hay es un presidente que ante los pésimos resultados de su gestión interna decidió retirar su apoyo a la OMS por traerle malas noticias, algo que el director de la prestigiosa revista médica The Lancet ha calificado como crimen contra la humanidad.

Lo que hay es un presidente que por razones electorales, ha desoĂ­do la exigencia del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha decidido recrudecer el acceso de alimentos y medicinas a terceros paĂ­ses, ha anunciado un recrudecimiento del bloqueo a Cuba e incluso ha anunciado maniobras militares en Venezuela que obviamente no ayudarĂ­an en nada a resolver el conflicto existente en la regiĂłn.

Si hubiera rectificaciones, bienvenidas sean. Pero mientras tanto, salvo entre nuestra extrema derecha, son cada vez menos las voces que esperan en Europa alguna soluciĂłn de la AdministraciĂłn Trump.

SĂ­ tenemos, en cambio, un gran reto en Europa, que sĂ­ tiene ante sĂ­ la obligaciĂłn de actuar de manera muy diferente a cĂłmo actuĂł en la crisis 2008.

Europa no puede volver a consentir políticas de austeridad como las que se impusieron al pueblo griego, para que años mås tarde salga un presidente de la Comisión a reconocer que esto sea había hecho con mentiras y humillaciones.

Veremos que ocurre hoy, pero no faltan las razones para la preocupaciĂłn.

En estos  dĂ­as hemos visto, tambiĂ©n, un conflicto desatado, explĂ­cito y cortoplacista, que ha impedido a gobiernos de derechas como los de Alemania, PaĂ­ses Bajos o Austria, entender, aunque sea por interĂ©s propio, que si la periferia europea cae, es todo el proyecto el que caerĂĄ con Ă©l.

Hoy Europa se juega su futuro: o da un salto constituyente hacia una refundación mås social y democråtica, o por el contrario, corre el riesgo de colapsar como proyecto (sobre todo después del Brexit)

Hay que celebrar que los gobiernos progresistas de España, Italia y Portugal hayan puesto sobre la mesa una agenda que apunta en la primera dirección: 1) que haya inversión suficiente, 2) que esta se produzca a través de transferencias ante que de créditos, y 3) que se evite, en caso de endeudamiento, que los beneficiados sean los grandes especuladores.

Avanzar por este camino no serĂ­a sino reivindicar el legado de uno de los mĂĄs grandes economistas del siglo XX: John Maynard Keynes.

Durante Bretton Woods, Keynes sugiriĂł la creaciĂłn de una Banca Central Mundial que emitiese una moneda internacional para financiar la reconstrucciĂłn.

Y agregó otra cuestión båsica, lo que él llamaba la eutanasia del rentista, esto es, la completa sumisión del capital financiero al capital productivo y la liquidación, por vía fiscal, de los grandes evasores y de los especuladores.

Hoy los paĂ­ses del sur de Europa –España, Italia, Portugal, Grecia, la propia Francia– deben unir fuerzas para impulsar un programa de este tipo.

A muchas derechas europeas les interesa mĂĄs subordinarse a Trump que apostar por este proyecto, como ya hicieron en la cumbre de las Azores.

Sin embargo, quienes nos sentimos vinculados a otro europeĂ­smo, al que este sĂĄbado 25 de abril recordarĂĄ la liberaciĂłn de Roma del fascismo y la revoluciĂłn de los claveles en Portugal, estamos obligados a buscar otro camino.

Exigir a Europa un cambio de rumbo, exigir para nosotros condiciones dignas de salida de esta emergencia sanitaria, social y económica nos obligan a favorecerla también para los países del Sur y del Este empobrecidos.

Para sus refugiados y migrantes, que estĂĄn luchando contra el virus, contra el racismo y contra condiciones inhumanas de salubridad en campamentos como los de Lesbos.

Para los países de África y de América Latina, que estån afrontando la pandemia de manera tardía, pero que lo hacen con sistemas de salud muy debilitados y teniendo que afrontar simultåneamente grandes desigualdades y otras enfermedades.

Esa precariedad en los paĂ­ses del Sur tiene muchas explicaciones. Pero hay una fundamental que son las polĂ­ticas de ajuste impuestas por el Fondo Monetario Internacional, por el Banco Mundial y por unos Acuerdos comerciales a menudo desfavorables para sus poblaciones.

Por eso creemos que deberĂ­amos huir de una polĂ­tica de cooperaciĂłn paternalista con los paĂ­ses del Sur.

También estos países necesitan que sus deudas sean condonadas y que los fondos a los que accedan no impliquen ni condicionamientos neoliberales, ni nuevo endeudamiento, algo que la propia directora general del FMI, Cristalina Georguieva, ha reconocido.

Y estos países también necesitan una política exterior que no normalice ni permanezca indiferente a situaciones derivadas de golpes de Estado como los que se produjeron en Bolivia o de peligrosas involuciones autoritarias como las que estamos viendo en Brasil, Chile o Colombia.

Esta polĂ­tica de cooperaciĂłn, de solidaridad internacional, deberĂ­a servirnos para entender que la soluciĂłn no puede ser el repliegue estatal. Que solos no podemos y que ningĂșn paĂ­s puede.

Obviamente eso exige reinventar la gobernanza global y adaptarla a los retos del siglo XXI. Pero no podemos permitir que el destino de las Naciones Unidas sea el de la muerte lĂĄnguida que acabĂł con la Sociedad de las Naciones.

Hoy mĂĄs que nunca necesitamos una voz clara que diga que el  acceso a medicamentos vitales, antibiĂłticos, antivirales y vacunas, deben ser protegidos, no como mercancĂ­as, sino como derechos humanos universales accesibles a todas las personas.

Y esa voz, aquĂ­ y ahora, sigue siendo la de la DeclaraciĂłn de Derechos de 1948. No es una voz utĂłpica.

Lo utĂłpico serĂ­a pensar que volveremos a lo que habĂ­a antes o que podemos adentrarnos en un mundo de desigualdad, violencia e inseguridad sin que eso nos alcance a todos.

Lo otro –actualizar el mandato de 1948- es una forma realista, posible, de asegurarnos que la “familiar humana” no se autodestruya y que pueda en cambio sobrevivir unida, en comĂșn, bajo esta innegociable bandera.   

Ustedes tienen de «constitucionalistas» lo que yo de escandinavo

Intervención en Pleno del Congreso (26/2/2020) sobre la financiación y las balanzas fiscales. Estoy cada vez mås convencido que forma parte de un debate mås amplio en la historia de España, marcado por una vieja tensión entre centralismo y descentralización, por un lado, y por solidaridad e insolidaridad por otro.

EstĂĄ claro que el problema de fondo vuelve a ser que estamos ante unas derechas que levantan el dedo para acusar de insolidario al primero que pasa cuando la visiĂłn centralista, unitarista que defienden ha sido la mĂĄxima expresiĂłn histĂłrica del egoĂ­smo fiscal y del extractivismo econĂłmico.

Ese centralismo no es nuevo. Es un centralismo que entronca con la primera restauración borbónica y con la dictadura de Primo de Rivera, que entronca con el franquismo y que buena parte de la derecha viene predicando desde el segundo mandato de José María Aznar. Es esa, y no otra, la visión que hoy habla de insolidaridad, pero que con la excusa de la crisis y con el señor Montoro al frente, consintió el ahogo, no solo de Cataluña, sino del conjunto de las comunidades de España.

Es esa la visión que acusa de insolidaridad a diestra y siniestra pero que con la excusa de la crisis rescató a los bancos sin contrapartida alguna, maltrató a la pequeña y mediana empresa, y ahogó al municipalismo.

Podemos y debemos ser una referencia en la construcciĂłn de paz.

IntervenciĂłn en la ComisiĂłn de Exteriores 20/02/20

Nuestro reto, en polĂ­tica exterior, sin duda, es alejarnos de esta agenda concentradora de poder e imponer agendas alternativas, que ayuden a distribuirlo. Y creo que hay que hacerlo con realismo, con valentĂ­a y con sentido de la urgencia al mismo tiempo. Fundamentalmente porque nos jugamos nuestro futuro como especie.

El mĂĄs urgente de los retos es claro: podemos y debemos ser una referencia en la construcciĂłn de paz. Eso implica, de entrada, cuestionar sin ambages la ruptura unilateral, irresponsable, que Donald Trump estĂĄ planteando de decenas de acuerdos que permitieron congelar el peligro nuclear durante la Guerra FrĂ­a. Y asumir al menos el camino que hace unos dĂ­as nos marcaba la superviviente de Hiroshima y Premio Nobel de la Paz, Setsuko Thurlow: firmar y ratificar de una vez el Tratado sobre la ProhibiciĂłn de Armas Nucleares de Naciones Unidas.

Y perseguir la paz no es solo romper la lĂłgica suicida de la carrera armamentĂ­stica. Es poder honrar en todos los ĂĄmbitos el mandato republicano de la ConstituciĂłn de 1931 que habrĂ­a que recuperar y que propugnaba la renuncia a la guerra como instrumento de polĂ­tica internacional. Es exigir, acabar con la gestiĂłn puramente militar, estigmatizadora, de las polĂ­ticas migratorias.

Naturalmente, defender la paz podrĂ­a ser una consigna hueca, vacĂ­a, si al mismo tiempo no se defienden las condiciones materiales que la pueden hacer hoy posible.

No por casualidad “War” y “Warning”, guerra y calentamiento, tienen la misma raĂ­z en inglĂ©s. TambiĂ©n precisan un mismo cambio de mentalidad para ser combatidos. Necesitamos que la diplomacia española sea tambiĂ©n una diplomacia climĂĄtica.

Hoy España puede tener un papel decisivo en la articulación de nuevas formas de cooperación entre los países del Sur de Europa, que han soportado de manera tremenda, dolorosa, injusta, la crisis de la deuda y que ahora deberían buscar juntos una salida a la altura de sus necesidades.

Se puede tener un papel decisivo en la articulación de nuevas relaciones con América Latina, que no puede consistir en permitir la bolsonarización del continente, como querría la Santa Alianza patrocinada por Steve Bannon, sino en plantear alianzas basadas en el diålogo, el respeto de trato y la defensa de la democracia y de los derechos humanos.

Y hoy España puede, por fin, asumir en sus propias relaciones internacionales, con orgullo, su realidad plurinacional. En la promisoria fase de diålogo que se estå abriendo, una reorientación del proyecto España Global de acuerdo a estos valores, sería un paso importante y esperanzador.

Hace falta valentía para acometer estos cambios. Hace falta valentía y lucidez para mostrar que los vertiginosos cambios científicos y tecnológicos que se estån produciendo frente a nuestros ojos pueden y no tienen por qué acabar en una distopía de vigilancia, de represión y de alienación. Y que por el contrario, pueden ser un factor de democratización de una gran potencia y una palanca fundamental en la lucha contra la emergencia social y climåtica.